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 Antonio Burgos

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Consejos para no hacer el ridículo en la feria de Sevilla
Cartel de García Ramos, feria de 1912 Cartel de Gustavo Bacarisas, feria de 1925
Cartel de feria de García Ramos, 1912 Cartel de feria de Gustavo Bacarisas, 1917

Como el Diccionario de la Real Academia de la Lengua de gordo tendría que ser este Manual de Estilo o Libro Gordo de Normas de Petete para no hacer el ridículo en la feria de Sevilla.

Empiezo por decir que es la Feria, en singular, absolutamente singular y única, y no las ferias. Este es el primer consejo, no digan nunca las ferias, porque entonces los sevillanos van a notar a chorros que no son ustedes precisamente paisanos de Curro Romero, Velázquez, Antonio Machado, los Hermanos Bécquer o Los Morancos de Triana.

El segundo consejo es que, por favor, no llamen Faralaes al traje de gitana o de flamenca. Que por cierto es el único traje regional español que tiene moda y con el que los gustos cambian cada año. Los trajes de otras regiones se heredan de abuelas a nietas, pero aquí menudo pitorreo le iban a armar a la que saliera con el traje de flamenca de la abuela...

Para no dar la nota por fa, por faralaes, la única palabra que empieza por fa y se puede decir en Feria es farolillo. Aquí los faralaes son, gracias a Dios, volantes, faldas de volantes, o trajes de gitana, o trajes de flamenca. Que deben cuidar las señoras si se suben a un coche de caballos, que es como se llama eso que muchos, antes de estudiarse este Manual, llamaban calesa. Aquí nadie va en calesa, eso lo dejamos para Sarita Montiel en "El Relicario", que va en calesa pidiendo guerra. A la calesera es una forma de enganche de los coches de caballos, pero eso pertenece al apéndice de este Manual. Aquí se va en coche de caballos, que los hay de cien nombres, piter, vis a vis, sociable, carretela, que se pueden aprender en la Exhibición de Enganches que suele preceder a la Feria. Ah, y si cogen ustedes un honrado coche de caballos de alquiler, aunque en realidad es un milord, no les extrañe si les dicen que van en un pesetero, más bien un milesdepesetero, porque pegan unas estocadas que ni Joselito y José Tomás juntos.

En las casetas, que lo sepan, no hay jolgorio, sino, en todo caso fiesta. O mejor, diminutivo: una fiestecita. O un flamenco. Si les invitan a un flamenco, señora, no se crea usted que le van a dar un Canales o un Cortés para usted sola. Se sobreentiende que le invitan a una fiestecita flamenca por la noche en la caseta.

¿Qué más? Ah, sí, que no son unos vinos, sino una copa de fino o una caña de manzanilla, que se está imponiendo como el vino de la Feria. Feria en la que, bromas aparte, todo cabe, porque no deben nunca olvidar que es tan universal porque la fundaron un vasco y catalán. Un vasco como José María Ybarra, Ybarra, como Don Emilio el del BBV, y un catalán que hasta tenía nombre del partido de Pujol: el señor Bonaplata, que vino a decir que Sevilla es bona si la plata de la luna de abril sona en el Real de la Feria.

Y más consejitos: el sombrero de los hombres. No es sombrero cordobés, es sombrero de ala ancha, y por favor, que las señoras no se lo pongan como no sea de amazonas, y a caballo. El sombrero de ala ancha no forma parte del uniforme de infantería de feria de las señoras. Y mucho menos se vayan a comprar ustedes en un puestecillo uno rojo y de cartón y vayan a ir por la feria con él y unos clavelones de plástico en el ala, que eso es el modelo Inserso de la Feria del fin de semana, especialmente el último domingo por la tarde .

No vayan a la feria demasiado temprano. La duquesa de Alba, que le gusta ir a las 2 de la tarde, como antiguamente, cuando llega se encuentra nada más que a los regadores y a los que reparten la Cocacola. A la feria cada vez se va más tarde. Para que lo entiendan, la mañana de la feria es la tarde del reloj y la noche de la feria es la madrugada. La mañana empieza exactamente a las 4 de la tarde. Y el tópico "a las cinco en punto de la tarde" de los toros de García Lorca es a las siete en punto, que al fin y al cabo son las cinco hora solar.

Pueden ustedes bailar sevillanas al rebujón, aunque no las sepan y mucho menos las hayan aprendido de academia. Nadie les va a corregir la exactitud de los pasos, y hasta les agradecerán la voluntad que ponen. Pero, por favor, no hagan como algunas señoras, que a hacer el ridículo de la forma más espantosa con unas copitas encima le llaman bailar una rumbita flamenca.

En cuanto al vino, el único peligro es la rebujina: que si empezáis con fino, sigáis con fino, y si con manzanilla, sigáis con manzanilla. No confundir la rebujina peligrosa con el simpático rebujito, que es manzanilla de Sanlúcar aliviada con gaseosa americana y refrescada con hielo.

Y que ustedes lo pasen bien. ¿A dónde vas? ¡A la Feria, a la Feria! ¿De dónde vienes? De la Feeeeeeeeria...  

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