Antonio Burgos / El RecuadroEl Mundo, 30 de junio de 1997 |
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Las lágrimas de Alfonso |
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| Yo he visto
en esta noche las lágrimas de Alfonso, manzanares
de rabia con un viejo color, guadalquivires llenos de un
verde de esperanza, que se quedó vacía, una flor sin
olor. Yo he visto en esta noche a otros cien mil
alfonsos, los que siempre esperaron, que es el verde el
corazón, los que gritan a veces, y a veces en silencio,
las lágrimas se tragan y sueñan, que es mejor. Ganar en
la derrota es lo nuestro de siempre, crecerse en el
castigo; de tripas, corazón. Del fondo de los tiempos
vinieron desde Utrera los viejos autobuses, y Gordillo,
y Del Sol, y también Larrinoa, Urquiaga,
Areso, Aedo, la Liga que ganamos y el gol al
Palamós. Y vino el Iliturgi, la Balona Linense, con Portu
y Vilariño, Tercera División, y el España de
Tánger el domingo que viene, a este paso jugamos
también la promoción, a este paso hasta El Chato,
que de Moguer le llaman, alquilará gargantas que
puedan gritar gol. Y Curro en sus periódicos, con
un babi azulina, en plena calle Sierpes lo dirá en un
pregón, que vienen en el Marca estas grandes
hazañas que Romero Murube a un jazmín le contó.
Y aquí está don Benito y Pascual Aparicio,
también Sánchez Mejías, aquel que mereció la
más bella elegía que nunca le escribieron a un
presidente bético, que un toro lo mató y vino García
Lorca a decir en sus versos que nunca encontraremos
un andaluz mejor. Sigo viendo esta noche las lágrimas de Alfonso, la rabia, el viejo grito que en el aire quedó, el Betis manque pierda, y esta vez ha perdido, pero siguen los sueños, y ahora digo que no. Que ahora escucho los cantos de las llenas tribunas, las banderas de verde, de las yerbas de olor, de arrayán, yerbaluisa, de alhucema y Romero, el sueño de un capote que su Betis soñó. Y lloran las banderas con sus verdes colores, pañuelos las bufandas en esta noche son, como Alfonso en el césped, mis lágrimas me dicen, que sumo trece barras, la antigua conclusión. Que esto de ser del Betis, de sentir sus colores, de entender sus derrotas, es una religión, que Serra es oficiante y Madrid es un templo, y a órgano resuena la voz de la afición. Grita Betis, mi Betis, y alarga las vocales, y alarga el sentimiento, es más fe que afición, un sentimiento trágico de lucha con la vida, porque es siempre lo malo mejor que lo peor, de sacarle partido a la amarga derrota y hallar amaneceres en la puesta de sol. Aquí ni el Rey de España, que es bético de cuna, que es hijo de una abuela que al Betis le salió, que a la vieja corona, en su silla de ruedas, con aplausos augustos viene a darle sidol... Aquí ni el Rey de España, mis señores del Betis, consuela a nuestro héroe, que Alfonso es vencedor del tiempo y del espacio en la yerba tan verde, pero a todos los béticos nos gana el corazón. Y siguen, tan corales, tan solemnes, los gritos, que dicen Betis, Betis, y suenan sin dolor, que suenan como siempre, a orgullo de ser béticos, el temple que los siglos le dan al perdedor. Y nosotros, Alfonso, lloramos con tus lágrimas, y suenan en Sevilla, en la torre mayor. Veintiocho de junio, es víspera esta noche, del día de San Pedro, el que también lloró. Ya nos trae por las gradas, columnas y cadenas, uniformes, penachos, a la Banda del Sol, un bético, Rogelio, montañés de Heliópolis, lo conoces, Conejo: el hijo de Trifón. Y suben a la torre clarines de victoria, a llorar a San Pedro o a llorar la ilusión, no lo sé, que al magnolio que está frente a la Lonja, lo encuentro en esta duda, igual que tengo yo. Ya suben por las rampas, ya están en las campanas, se asoman a la torre, que parece un balcón, que parece la plaza, nuestra plaza de toros, el chiquero, el tendido, las seis en el reloj, y el balcón torilero con sombrero de alancha, clarín a lo divino que se oye desde el sol parecen estas lágrimas, tan béticas que suenan, ¿son de Pedro, del Betis? Rogelio, ¿de quién son? ¿De Alfonso, de Esnaola, o del otro Rogelio, el que dijo a Iriondo "no corro, que es peor, que corren los cobardes y el Betis victorioso sabe templar despacio, belmontino, el balón"? Ibas a florearlas si hubiéramos ganado. Y la estás floreando, clarín, Banda del Sol, una luz en la noche, cohetes en Triana, rezos en San Lorenzo, porque aquí quien venció fue el Betis sempiterno, la Giralda más fuerte. Los hombres sólo lloran si tienen corazón. |
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