Anécdotas y Curiosidades de Semana Santa
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El parcelista y un abonado del otro mundo
Posiblemente mucho pregonero amateur, de los que proliferan por estas
fechas, nos hablará de los brotes de azahar de tal o cual plaza, que si
el el canto de las golondrinas de Egipto que vinieron a quitarle las
espinas a tal o cual crucificado, que si la luminosidad a través de la
ventana ojival de tal o cual convento. Mire usted, don Antonio, dejémonos
de tonterías: en Sevilla hay tres cosas que no fallan para decirnos que
ya estamos en Cuaresma y que se nos viene encima la Semana Santa, son
eficaces pero poco poéticas: los capirotes boca abajo de la Alcaicería,
los nazarenitos de Ochoa rodeados de torrijas y el parcelista. ¿Habrá
algo tan poco poético como un parcelista y sin embargo, tan fiable como
para saber que Sevilla está en Primavera?-
Cualquier turista de las "ferias del Rocío", que "pare" por aquí por
estas fechas, cualquier Borja del tendido 7 de las Ventas que saben
tanto de todo, o cualquier Jaume de Barna, que vive en la Plaza de la
Mercé, con acento en la "e", al leer en la mesa de tijera del
parcelista"Abono para toda la Semana Santa", pensará que ese señor lo
que vende es mantillo para toda la Pascua, como ellos le llaman a la
Semana Santa.-
Pues bien, el protagonista de esta anécdota se encaminaba como todos
los años a renovar su abono de unas sillas situadas , como dicen en las
películas americanas , "en algún lugar" de la Carrera Oficial,( no sea
que algún parcelista este conectado a Internet y la jodamos). Dichos
abonos estaban y están a nombre del suegro de mi amigo. El suegro, a
pesar de que estaba perfectamente conservado en alcohol, de manzanilla
y oloroso, vamos, que se bebía el buen hombre hasta el muñequito de la
Cruzdelcampo, el pobre hombre falleció y sus hijos, muy modernos,
decidieron incinerarlo. Parece ser, según cuenta mi amigo, que el suegro se
llevo ardiendo algo así como tres o cuatro días, debido al alcohol de
años acumulado en su hígado .-
Pues bien, mi amigo, como todos los años desde el fallecimiento de su
familiar político y dada la amistad que a éste le unía con el
parcelista, que desconocía tan luctuoso suceso, le renovaba las sillas de
las que seguía siendo titular el difunto.-
Un año, tras los abrazos , los "me cago en la má",y saludos de rigor,
intercambio de preguntas por la salud y los familiares, el parcelista
hizo la terrible pregunta que mi amigo esperaba desde hacia tres años:
-" Hombre, Manolo, ¿y tu suegro cómo está, que hace mucho tiempo que no
lo veo?".-
Mi amigo mantuvo el temple y le contestó con la mayor naturalidad del
mundo.-
-" Pues, mira Rafael, mi suegro, el pobre, está incapaz, está fatal
,la verdad es que no se puede ni mover" ( Y mientras decía esto pensaba:
cómo se va a mover, si lleva tres años incinerado ).-
Le contestó el parcelista:
-" Pos" mira a ver si aprovecho una clarita y me acerco a verlo, que
tengo ganas de tomarme con él una copita.-
Mi amigo creyó fallecer y rápidamente le respondió:
- No!!, Rafael, el pobre ya, ni oye ni entiende, y recibe muy
poquitas visitas, vamos, casi ninguna, yo le mandaré recuerdos de tu
parte.-
El parcelista resignado terminó:
- Mira, abrígalo bien y tráetelo a ver por lo menos a la Macarena, que
tu suegro sabes es muy devoto:-
Mi amigo sentencio más tranquilo :
- Rafael, seguramente, mi suegro ve a la Macarena todos los días antes
de desayunar.-
El protagonista de esta anécdota ya con el "cuerpo en caja", recogió sus
abonos y tras las despedidas de rigor, se encamino a "en algún lugar" de
la Alfafa, se tomó una copa de manzanilla y brindando al cielo , tuvo un
cariñoso recuerdo para con su suegro que seguramente gozará de la
presencia eterna de La que está en San Gil.-
Julio Domínguez Arjona
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