Anécdotas y Curiosidades de Semana Santa

Recogidas por Antonio Burgos con las aportaciones de los lectores de "El RedCuadro"

 

Antonio Burgos

El saturado de Cruz del Calvario

El hermano de Rafael de León y el parón del Silencio



Los parones de la Madrugada fueron en un tiempo tan importantes como los retrasos del Miércoles Santo. Eran famosos los parones que la entrada de Los Gitanos en carrera oficial producían a las primeras cofradías de la Madrugada, El Silencio y El Gran Poder, ya de vuelta a sus templos, El Gran Poder entonces por Francos, El Salvador y Cuna detrás del Silencio.

En la cofradía del Silencio salen tradicionalmente familias enteras de Sevilla, como los Ybarra o como los León, la familia del recordado poeta Rafael de León y Arias de Saavedra. Dotado de la misma gracia que su hermano el poeta, un hermano de Rafael de León era "mucho" del Silencio, y padecía, como todos los hermanos de la Primitiva Cofradía de los Nazarenos de Sevilla, los parones de la madrugada. Hombre corpulento y comilón, uno de aquellos parones, cerca del alborear, le tocó a su tramo detenerse...¡junto a un puesto de calentitos! Al bueno de León, con el cuerpo cortado de la madrugada y de la estación de penitencia, sin perder la compostura que mandan las reglas y sin mover la cabeza, se le iban y venían los ojos detrás del antifaz ante los crujientes y bien olientes calentitos del perol de la madrugada, que seguía marchando mientras la cofradía estaba detenida. Al final, Los Gitanos pasaron por Martín Villa y Orfila y la Madre y Maestra reanudó su marcha hacia la antonina capilla de la calle de las Armas.

Y fue que en un cabildo extraordinario, la hermandad trató del parón famoso, para protestar ante el Consejo de Cofradías y pedir remedios a los problemas de horario e itinerario causados por la famosa "pescadilla" de la Madrugada. Cada hermano exponía sus ideas y aportaba dato acerca de la cuantìa del parón de Cuna y Orfila.

---Fueron cuarenta minutos de parón --decía un hermano.

--No, fue cerca de una hora --replicaba otro.

    Hasta que el hermano de Rafael de León, con toda la gracia del mundo, se levantó a hablar y , con su fama de comilón, concluyó muy serio la disputa:

    -- No, hermanos, ni cuarenta minutos ni una hora. Yo les voy a decir a ustedes cuánto duró el parón. El parón duró exactamente...¡ veinticuatro ruedas de calentitos!

Antonio Burgos


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