El Congreso, del paripé a la escenificación
Toma, si no querías caldo de
la cursilería de escenario, ahí tienes dos tazas de escenificación. Si no
hablas ahora de la escenificación, ni estás preparado para la vida moderna ni nada.
Dicen que el consenso parlamentario entre el PP y el PSOE, entre Borrell y Aznar, fue una
escenificación. Vamos, un paripé, porque sabrán que se escribe escenificación, pero se
pronuncia paripé. Dicen que fue un bebedizo de menta y ajonjolí que Aznar le dio a
Almunia en la Moncloa, y que permitió que Borrell marcara el hombre su primer gol
parlamentario (porque éste evidentemente no va a ganar el Pichichi), como si fuera Alkiza
el de la selección de nacional de fútbol, eso en lo que hay no que escenificar ningún
paripé ni pedir perdón a nadie para poder llamarlo España, se puede decir España si es
a efectos de marcador, verbigracia: España,1; Rusia,0, ya saben lo que consolida siempre
a un Gobierno un buen chupete a Rusia, Alkiza es el Marcelino del aznarismo.
Dicen eso, que lo de Esperanza
Aguirre e Isabel Tocino de miembros del Club de Fans de Pepe Borrell ("¡queremos un
traje de buzo como el tuyo y un bikini como el de Cristina Narbona!") fue un paripé.
¿Y lo del cuarto supuesto del aborto del día antes, hijos míos de mi alma, no fue por
ventura un paripé? ¿No es un paripé que habiendo tenido 12 + 1 años de gobierno con
mayorías absolutas (o atadas y bien atadas) para aprobar esta ley hayan sacado la
iniciativa ahora, al humo de las velas del entierro de la sardina del felipismo? ¿No
tenían tiempo y fuerza parta haber aprobado no sólo el cuarto supuesto, sino el cuarto,
el quinto, el sexto y así hasta el catorceavo de Javier Solana el otánico si hubieran
querido? Y me extraña que no haya salido esa iniciativa, con lo progresistas que somos
todos. Como se trata de igualar la realidad con la ley, y en vista de cómo aquí se han
llevado el manso con el Ave y con lo que no es el Ave, voy a tomar una iniciativa
parlamentaria para legalizar el cuarto supuesto del robo. Seguro que ésta sí sale.
Porque al robo voy a llamarlo, naturalmente, "legalización de la interrupción
voluntaria de la propiedad privada y de los fondos públicos en el cajón del
Estado."
De Abuelo Cebolleta en
Casablanca
El mayor problema de González
en esta hora no son los juicios pendientes, fondos reservados, Laza y Zabala. No son sus
lugartenientes guardados y bien guardados en Guadalajara. No es que se haya ido sin irse,
y que forme ora una santísima trinidad nada santa con Borrell y Almunia. Nada de eso. El
mayor problema de González es que está actuando como un abuelo sin tener nietos. Ha roto
en Abuelo Cebolleta, el que siempre cuenta la misma guerra de cuando él ganó la batalla
del Ebro de la modernidad y el progreso y puso la bandera de España en El Pingarrón de
la mesa de la firma del acuerdo con la Unión Europea, y mandó sus barcos a luchar contra
los bancos de Rumasa, pero no contra la tempestad del río revuelto de trincones que
tenía dentro. Lo peor de González es que está en ese punto en que alguien, algún día,
habrá de decirle inexorablemente, porque el tiempo no perdona: "Abuelo, cállate, no
diga más inconveniencias". Antes El Abuelo era Pablo Iglesias y ahora, él.
Anasagasti, ese hermano mayor de la Cofradía del Silencio, pierde un tiempo precioso
mandando callar a Mayor Oreja, y no diciéndole a González que se calle, o que, como en
las películas americanas donde el muchacho se casa con la muchacha, que haga como dice el
pastor protestante de Hollywood, que si sabe algo, que hable, o que calle para siempre. Y
nos deje tranquilos con su película de la batalla de Maastricht.
Película que se la lleva, en
plan Antonio Banderas, a los festivales de medio mundo, en los bolos con los que se gana
aparentemente la vida. Llegó a Casablanca y se creyó avión de Lisboa, piano de Sam y
gabardina de Humphrey Bogart. Con la gabardina de Bogart, en Casablanca, se puede ser
Humphrey Bogart o se puede ser hombre de la gabardina, no el de Montejurra, sino el que
enseña lo de Clinton, pero sin cremallera. Se abrió desvergonzadamente la gabardina de
Humphrey Borgat en Casablanca y al Abuelo le vimos la cebolleta del ego: "La tregua
me la debéis a mí". Como dice Umbral, está como el Abuelo Franco. Quiere que la
Plaza de Oriente de Guadalajara le diga: "A ti te lo debemos".
Ahora todos los
presos eran de Tercera
En el suceso periodístico
antológico que viene en todas las cárceles de papel y en todas las recopilaciones de
gazapos, todos los muertos de aquel terrible accidente ferroviario viajaban
afortunadamente en Tercera. Ya no hay tercera en los trenes. Aunque sí en los ingresos en
las cárceles. Todos los presos que el pasado jueves ingresaron en diversas cárceles
españolas como ejecución de la sentencia condenatoria del caso Marey afortunadamente son
reclusos de tercera. Ni de segunda siquiera. Iba a haber dos presos de segunda, que eran
Damborenea y Sancristóbal, pero ya ni eso. Como Sancristóbal, gracias a Dios, no tiene
un Anasagasti que le diga que se calle la boca, largó de la parte contratante de la
primera parte del rabo que queda por desollar. Nada, infundios contra Rafael Vera. La
gente, que como no lee las revistas del corazón, no sabe que en esas revistas ha venido
la exclusiva de que Rafael Vera dio un braguetazo bastante importante, casándose con la
hija del que llaman El Rey de la Ferretería. ¿No hay quien se casa con la hija del Rey
del Estaño y le cambia la vida? Bueno, pues Vera se casó con la hija del Rey de la Lija
del Número 3, con el Rey de las Bombillas de 60 Watios. No hay nada más rentable en toda
la comunidad europea, como bien saben, que vender puntillas, cáncamos y enchufes. Sobre
todo si son de aquellos enchufes que se ponían en la rosca de las bombillas, el enchufe
ladrón que le llamaban.
Lo que más me gusta de todo
es que el partido que se tiene por igualitario haga estas divisiones clasistas. Ya sé, la
sociedad sin clases es un sueño. Pero las cárceles sin clases, también. En Guadalajara
están los dos héroes de la democracia contemporánea, el Daoiz y Velarde del 2 de Mayo
del Felipismo, y en el resto de las cárceles, unos vulgares secuestradores. No digo ya
que pusieran autobuses y les llevaran gentes para ir a despedirlos. Pero, hombre, no han
tenido ni el detalle de mandarles unas cajitas de fabada asturiana. Que como lo de Laza y
Zabala que está por desollar, ya saben cómo está: está de muerte, abuelo...