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El Recuadro

 Antonio Burgos
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El Mundo,  miércoles 3 de octubre del 2001

     ¿QUIÉN HACE ESTO?      Abel Infanzón de hoy


ANTONIO BURGOS | EL RECUADRO


Piernas cruzadas  Barrionuevo y Corcuera, los acusados acusantes

Ese horror del milenio que es el diseño ha llegado a los juzgados. Perdón, a "las sedes judiciales", como hay que decir. (Las peleas que terminaban con el castizo "nos veremos en el juzgado" acaban ahora con el cursi "nos veremos en sede judicial".) Los banquillos de los acusados no son lo que eran. La Justicia es igual para todos, pero los banquillos, no. O será que hay banquillos de clase turista, banquillos de preferente y banquillos gran clase. Dime en qué banquillo te sientan como acusado y te diré quién eres. En la vista del caso Marey dispusieron en el Supremo unos banquillos en forma de sillones frailunos donde los acusados parecían académicos en sesión pública y solemne. Más que en vísperas de entrar en la cárcel de Guadalajara parecían que estaban allí para pronunciar su discurso de ingreso en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas.

En el juicio por los fondos reservados, otra vez volvemos al banquillo-poltrona de diseño. Quien tuvo, retuvo. Barrionuevo y Corcuera no se sientan en el banquillo donde estaba Miguel Ligero en el juicio de "Morena Clara", y eso que sólo robó un jamón. A quienes por lo visto se llevaron algo más que un jamón les sacan su sillón de clase "business". Cuando a Lola Flores la sentaron en el banquillo por olvidarse de los papelitos de Hacienda no le sacaron el trono del lerele que su gracia merecía. La sentaron a la pobre en el banquillo sin respaldar, el banquillo propiamente dicho, donde ahora siguen sentando a los que han robado una gallina, pero no metido la mano en el cajón de los públicos caudales.

Llegan los acusados a la sala de vistas y, claro, cuando ven el pedazo de sillón que les han puesto, se crecen. Es como las vacaciones de Kodak: acusado sin banquillo, ni es acusado ni es nada. ¿No va a chulear Barrionuevo al fiscal y al tribunal? Si, de momento, su sillón de acusado es más cómodo que el asiento de sus señorías... ¿No va a decir lo del calcetín? Las gracias al Cielo ha de dar el tribunal porque no dijo que el dinero de la mangoleta lo guardaba en el calcetín, y no en las puñetas de la toga del fiscal. Hay algo peor que la chulería verbal: el matonismo gestual del acusado. Claro, como les ponen un sillón en vez de un banquillo... Es la vez primera que veo a un acusado con las piernas cruzadas ante el tribunal que le está juzgando. Peor que la insolencia en las respuestas al interrogatorio, peor que el desacato continuado ante unos magistrados con las togas bajadas hasta los tobillos, son las piernas cruzadas del ex preso de Guadalajara. Los otros con la venia para arriba y la venia para abajo. Y el tío allí, encampanado, con las piernas cruzadas, ¿pasa algo?

Pues pasa que de milagro no les tienden la alfombra roja a estos acusados de clase preferente que sientan en el banquillo de diseño para que crucen las piernas insolentemente.

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