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Ese
horror del milenio que es el diseño ha llegado a los juzgados.
Perdón, a "las sedes judiciales", como hay que decir.
(Las peleas que terminaban con el castizo "nos veremos en
el juzgado" acaban ahora con el cursi "nos veremos en
sede judicial".) Los banquillos de los acusados no son lo
que eran. La Justicia es igual para todos, pero los banquillos,
no. O será que hay banquillos de clase turista, banquillos de
preferente y banquillos gran clase. Dime en qué banquillo te
sientan como acusado y te diré quién eres. En la vista del
caso Marey dispusieron en el Supremo unos banquillos en forma de
sillones frailunos donde los acusados parecían académicos en
sesión pública y solemne. Más que en vísperas de entrar en
la cárcel de Guadalajara parecían que estaban allí para
pronunciar su discurso de ingreso en la Real Academia de
Ciencias Morales y Políticas.
En el juicio por los fondos reservados, otra vez volvemos al
banquillo-poltrona de diseño. Quien tuvo, retuvo. Barrionuevo y
Corcuera no se sientan en el banquillo donde estaba Miguel
Ligero en el juicio de "Morena Clara", y eso que sólo
robó un jamón. A quienes por lo visto se llevaron algo más
que un jamón les sacan su sillón de clase
"business". Cuando a Lola Flores la sentaron en el
banquillo por olvidarse de los papelitos de Hacienda no le
sacaron el trono del lerele que su gracia merecía. La sentaron
a la pobre en el banquillo sin respaldar, el banquillo
propiamente dicho, donde ahora siguen sentando a los que han
robado una gallina, pero no metido la mano en el cajón de los
públicos caudales.
Llegan los acusados a la sala de vistas y, claro, cuando ven
el pedazo de sillón que les han puesto, se crecen. Es como las
vacaciones de Kodak: acusado sin banquillo, ni es acusado ni es
nada. ¿No va a chulear Barrionuevo al fiscal y al tribunal? Si,
de momento, su sillón de acusado es más cómodo que el asiento
de sus señorías... ¿No va a decir lo del calcetín? Las
gracias al Cielo ha de dar el tribunal porque no dijo que el
dinero de la mangoleta lo guardaba en el calcetín, y no en las
puñetas de la toga del fiscal. Hay algo peor que la chulería
verbal: el matonismo gestual del acusado. Claro, como les ponen
un sillón en vez de un banquillo... Es la vez primera que veo a
un acusado con las piernas cruzadas ante el tribunal que le
está juzgando. Peor que la insolencia en las respuestas al
interrogatorio, peor que el desacato continuado ante unos
magistrados con las togas bajadas hasta los tobillos, son las
piernas cruzadas del ex preso de Guadalajara. Los otros con la
venia para arriba y la venia para abajo. Y el tío allí,
encampanado, con las piernas cruzadas, ¿pasa algo?
Pues pasa que de milagro no les tienden la alfombra roja a
estos acusados de clase preferente que sientan en el banquillo
de diseño para que crucen las piernas insolentemente.
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