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Nos
va entrando el cuerpo en caja. Y bombo. Del "Todo por la
pasta" de la España del Pelotazo volvemos al "Todo
por la Patria" de toda la vida, en la presente Olimpiada
del Patriotismo Constitucional. Se trata de ver quién se queda
en exclusiva con la tambora de Manolo el del Bombo, el único
que podía ejercer el patriotismo rojigualdo sin que le llamaran
facha.
Es lógico que vuelva el patriotismo. Era lo único que nos
faltaba de todas las señas de identidad de siempre, superada la
enfermedad infantil de la democracia que supuso el olvido
intencionado de todo lo español que había tenido un cierto
esplendor sobre la hierba de las libertades que no crecían en
la dictadura. Hace ya tiempo que pusimos en marcha la moviola
nacional, que suena a película de Berlanga. No hubo nada más
cruel que la mentalidad dominante en los años del consenso.
Dicen que el consenso se logró sobre la inmensa capacidad de
concordia de los españoles. Cierto. Pero también sobre su
infinita voluntad de olvido. El revanchismo del primer hervor
del fervor constitucional llegó a la propia palabra
"España". Como Franco hablaba tanto de España, fue
una palabra a plantar con buen abono en el monte de olvido. Aún
nos queda el uso generalizado de "Este país" como
traducción políticamente correcta de "España". Y
nada digo de las señas nacionales de identidad colectiva. El
fútbol, y especialmente el Real Madrid de Santiago Bernabeu,
era el opio que Franco daba al pueblo. Las corridas de toros se
organizaban exclusivamente, y con El Cordobés, para que el
obreraje no fuera a la manifestación del 1º de Mayo. Doña
Concha Piquer cantaba las coplas de Rafael
de León para que no leyéramos a Lorca. El flamenco era el
cante de los señoritos. La Semana Santa era la fiesta del
nacional-catolicismo. Todo aquello había que encerrarlo bajo
las siete llaves del sepulcro del Valle de los Caídos.
Pero con la consolidación de las libertades llegó la
moviola nacional. Llegó la España constitucional de la Quinta
del Buitre y del Guti, de Jesulín y El Juli, de Niña Pastori y
Sara Baras, de Paco de Lucía y del "Ay, Macarena".
Nunca ha habido tanto fútbol, tantos toros, tantas romerías,
tantas coplas, tanto flamenco, tantas procesiones, tantas
fiestas como tras la Constitución. ¿Por qué? Porque todo
aquello no era manipulación fascista de la dictadura, sino
sencillamente España. Se sabe ahora que Angelillo y Miguel de
Molina, dos exiliados, cantaban sus coplas durante la II
República, que Domingo Ortega era la Generación del 98 del
toreo, y Concha Piquer, hija de federalista valenciano. Era,
pues, del todo punto lógico que tras rebobinar fútbol, toros,
Rocío y copla la moviola nacional dejara en su sitio el
patriotismo. Punto en el que no hay que olvidar que el primer
Manolo el del Bombo del patriotismo constitucional fue Carrillo,
cuando iba de Marianita Pineda de la roja y gualda.
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