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Lo
que le faltaba a la Justicia española era que le hicieran el
carrete y la volvieran más loca que está. Sabía que por esa
señora se peleaban los hombres, se jugaban su prestigio serios
economistas, luchaban los fotógrafos navaja en mano por robar
en exclusiva su foto. Por influencia de esta señora en materia
de azulejaría un cuarto de baño de pueblo se parece a otro
cuarto de baño de pueblo como una película de Almodóvar a
otra película de Almodóvar. No podía imaginar que también
volviera locos a los magistrados. El propio concepto de la
independencia de los tribunales está en cuestión. Sí, ya sé:
los magistrados del Supremo y del Constitucional son caballeros
integérrimos. Pero están en su mayoría casados. La única
excepción quizá sea mi admirado profesor Guillermo Jiménez
Sánchez, que sabe tanto de Derecho Mercantil que una vez me
puso tal fórmula infalible junto a las culebrillas de una letra
de cambio que logró que me liquidara las regalías atrasadas un
editor de Barcelona que no pagaba ni quemado. Guillermo
Jiménez, como es soltero, no tiene que aguantar a su señora:
-- Qué poca consideración tienen tus compañeros del
Supremo, Pepe... ¡Cuidado que tasar los granos en la cara de
Isabel nada más que en cinco mil duros! Supongo que harás
algo...
No sé cuántos magistrados componen la sala del
Constitucional. Pongamos cinco. Imaginen a cinco señoras de
magistrados, cinco, lectoras del "¡Hola!",
admiradoras de la Presyler, dando la tabarra todos los días,
cuando Pepe llega de estrados:
-- ¿Habéis anulado ya la sentencia de Isabel?
-- Mañana sale...
-- Que no me entere yo que si hay un voto particular sea el
tuyo, ¿eh?
El peso de la ley es nada al lado de aquí-mi-señora
inclinando la balanza cada noche a favor de la pobrecita
Presyler. Puestos así, pocos me parecen diez millones para
tasar el cuarto y mitad de granos. Porque, aparte del
enfrentamiento entre Supremo y Constitucional, hay otro
conflicto, no menor: la pugna entre la España del
"¡Hola!" y la España del "Lecturas". El
"¡Hola!" es una institución más del Estado, como
Correos o la Guardia Civil. El "Lecturas" es otra
cosa. Al "¡Hola!" no hay que explicarle quién es la
Preysler. Su cuenta de explotación sabe a cuánto está el kilo
de intimidad. El "Lecturas", por el contrario, es lo
rosamente incorrecto. Y además, se ve que no le gusta a las
señoras de los magistrados. Punto en el cual digo que igual que
debemos elegir presidentes de la Comisión de Valores que sean
hijos únicos, sería conveniente que todos los magistrados del
Constitucional fueran tan solteros como mi admirado magistrado
Jiménez Sánchez.
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