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De
pronto me di cuenta. Qué frío el de noviembre, qué lejos esta
muerte que cierra una esperanza. Ese cuerpo encontrado, la más
terrible crónica. Y al miliciano muerto en el frente de
Córdoba, aquel del mono blanco y el mosquetón asido. Y a los
niños que huyen corriendo hacia el refugio, en cielo
velazqueño las bombas alemanas. Y a aquellos españoles que
yacen desventrados en un patio de julio, cuartel de la Montaña.
Y al blocao de murallas de Annual y de pacos, en donde los
fosores se llevan carretadas de los que no pudieron ser soldados
de cuota. Y al muerto innominado de la guerra de Ifni que un
buque de la Armada desembarcó en Las Palmas. A toda nuestra
muerte de esta guerra infinita, a la que conocimos porque nos la
contaron, porque hubo testigo jugándose la vida, haciéndola
cercana, sencillamente nuestra, hoy le puesto tu nombre. La
llamo Julio
Fuentes.
Si nos queda la Historia es porque fue la tribu a contar
sufrimientos, historias familiares, temores de una noche, el sol
de la mañana, la entrada victoriosa, el tanque en retirada,
esos niños descalzos, un perro en las ruinas, el cazo
recogiendo la ayuda humanitaria y las moscas midiendo las
heridas y el hambre. Es tan cómodo ahora, con el mando a
distancia, contemplar una guerra o un partido de fútbol... Hay
quien va a la cocina y se trae una cerveza, la descorcha y la
bebe; van ganando los nuestros, nos va saliendo exacta la
quiniela de guerra, siempre acierta quien pone un 1 al Yankee
Stadium. Paisaje o goleada de fusiles y bombas, kalashnikov,
montañas, caminos de herradura, no es real este cuadro del
juego de la guerra, parece un nacimiento con figuras de barro,
con el papel de plata fingiendo que es un río, no que hay
hombres que sufren, que matan y que mueren.
Tu nombre, Julio
Fuentes, me ha traído esta noche la certeza absoluta de que
si el mundo existe es porque hay quien se juega la vida por
contarlo. Sin ti, rey de la tribu, no hubiéramos sabido que
había hombres sufriendo en el infierno bosnio, como ahora
tenemos la certeza absoluta de que queda el mensaje, aun muerto
el mensajero.
Mañana en el diario cuando haya otra guerra, cuando haya
otros niños huyendo de las bombas, más cuerpos desventrados en
el Kabul inmenso de países lejanos que aún no tienen ni
nombre, pensaré, Julio Fuentes, que me sigues contando esta
historia infinita del hombre ante la muerte. Por ti la
conocimos, cercana, como nuestra. En tus libros quedaron las
palabras mejores. Escritor en el frente, el tiempo no ha pasado.
El adiós a las armas que fue tu despedida nos traerá mañana
la palabra en tus libros. La rebelión consiste en esta triste
hora en pensar, Julio Fuentes, en Mónica. En tu madre.
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