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Dicen
que estamos en la sociedad de la comunicación, pero desde el
sábado, más que en la sociedad de la comunicación me siento
en la sociedad de la perplejidad. El sábado, con autobús
pagado y con bocadillo, como en los mejores tiempos franquistas
de la Plaza de Oriente, se produjo en Madrid la habitual
manifestación espontánea. Como las antañonas manifestaciones
espontáneas de la dictadura, las gloriosas manifestaciones
espontáneas de la democracia de hogaño se caracterizan
igualmente porque su espontaneidad está perfectamente
organizada.
Pero ese tufillo totalitario del autobús y el bocadillo es
lo de menos. Lo de más, la gran incógnita del número de
manifestantes. Según los organizadores, hubo 500.000
manifestantes; según la Policía Municipal y el Gobierno,
50.000. ¿En qué quedamos? Todos los medios de comunicación
han repetido este baile de ceros como lo más normal del mundo.
¿Cómo la famosa "horquilla" puede llegar a ser de
450.000 criaturas? ¿Quiénes son los descarados? ¿Los
organizadores, inflando la cifra de asistentes, o el Gobierno,
aplicando la más drástica rebaja del tío Paco? La Humanidad,
que ha conseguido poner a un hombre en la Luna, clonar los
corderos, hacer teléfonos del tamaño de una caja de cerillas,
convertir los desiertos en vergeles, no ha logrado algo tan
simple como poder enterarse de cuántos manifestantes hubo en
las calles de Madrid en contra de la LOU.
Y no queda ahí mi perplejidad cuando oigo una vez más la
voz de alerta de la dirigente universitaria Miriam Municio,
quien nos advierte que quieren "elitizar" (cito
textualmente) la Universidad. Pues si "elitizar" la
Universidad consiste en que los estudiantes de grado superior
dejen de pronunciar estas palabras y rompan a hablar en
castellano, lo siento mucho, pero me apunto a la elitización.
Así, por ejemplo, funcionaría también la sociedad de la
comunicación para el estudiantado elitizado. Porque más
insólito que la diferencia entre 50.000 y 500.000 es el hecho
de que se manifiesten por unos contenidos de la LOU que la
ministra Pilar del Castillo dice que palabrita del niño Jesús
que no están en la ley. El problema, aparte de 50.000 o 500.000
es: ¿cuántos de los 50.000 o 500.000 se han leído de verdad
la ley? Y al final, pero no lo último, la que dicen muy
democrática práctica de querer sustituir la soberanía popular
de ese Congreso de los Diputados ayer en jornada de puertas
abiertas por el poder asambleario. Si la LOU tiene que
discutirla el Gobierno con los estudiantes, vale, que la retiren
y la discutan. Pero como conductor pido igualmente el Gobierno
retire los cambios en el Código de la Circulación y que hasta
que no lo discuta en asamblea conmigo y otros 20.000 o
20.000.000 de conductores, no sea efectivo eso de que te quiten
el carné si te pillan al volante hablando por el móvil.
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