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La
idea de este artículo me la dio la otra noche Federico Jiménez
Losantos en su programa radiofónico de "La Linterna"
de la COPE. Y no crean que no le he dado vueltas a la cabeza
antes de ponerme a escribirlo. Bueno, a la cabeza y al corazón.
Porque trata de algo que, ¿qué quieren que les diga?, es para
mí muy sentimental y muy querido, como el Partido Andalucista.
Cuando pienso en el Partido Andalucista, me acuerdo de lo que
pudo haber sido y no fue, en la utopía andaluza de la primera
hora, cuando Carlos Cano hacía la grabación del himno en el
estudio de Josele Moreno, cuando había que aguantar bromas
fascistonas con la bandera del Betis si se hablaba de la verde y
blanca. Prehistoria de la historia de Andalucía, con un ahora
injustamente olvidado José María Osuna dándonos a leer viejos
ejemplares manoseados de "El Ideal Andaluz" guardados
como reliquias durante la dictadura. Cuando escribo del Partido
Andalucista, quiero acordarme de estos memoriales de utopías de
entonces y no de ciertos chiringuitos de ganar dinero y de
complacer su ego que ahora algunos han instalado con esas
siglas. Quiero acordarme de aquellos caballeros que se llamaban
Juan Carlos Aguilar o Luis Uruñuela.
Y acordándome de todo aquello, me extraña más lo de un tal
Carlos Bautista. El tal Carlos Bautista nos ha permitido saber
que el Partido Andalucista tiene un diputado en el Parlamento de
Bruselas.
-- Hijo, pues si tienen un eurodiputado, lo disimulan
bastante bien.
Eso digo yo. Ya lo creo. No he oído la voz de este
eurodiputado aparentemente afónico llevando a Bruselas la voz
del olivar, o de los pesqueros amarrados, o de la destrucción
del tejido industrial andaluz. Cuando el eurodiputado
andalucista era Diego de los Santos, sonaba, tenía presencia.
De este señor, lo único que hemos sabido es que ni estaba ni
se le esperaba cuando el Parlamento europeo aprobaba la
inclusión del entorno de la ETA en la orden de detención y
entrega. Que se ausentó sin dejar señas. Es decir, que
Andalucía como tal no votó contra la ETA en Bruselas. La
ausencia del tal Bautista coincidió extrañamente con la de
Josu Ortuondo, del PNV, y con la de Camilo Nogueira, del Bloque.
¿Qué tiene que ver el Partido Andalucista con las tesis
separatistas del PNV o del Bloque Gallego? Pues no hay que leer
a Blas Infante, basta oír a sus votantes para saber lo que
tiene que ver Andalucía con el separatismo: nada. Y con el
terrorismo, pues ya me contarán. Andalucía es la gran
sufridora del terrorismo. No de ahora, cuando hablamos de
jueces, de concejales, de periodistas asesinados. Hablo de
entonces, cuando los progres aún no condenaban a la ETA y
cuando eran andaluces todos los féretros de policías y
guardias civiles asesinados que salían de Sondica en un avión
militar camino de Granada, de Huelva, de Jaén.
En el beneficio de la duda, quiero pensar que el tal Bautista
no votó en Bruselas contra la ETA porque estaba en Granada,
visitando a la familia de aquel barbero de Aviación que
asesinó la ETA. O porque estaba en Málaga, con la viuda de
Martín Carpena. O porque estaba en Sevilla, con los huérfanos
de Jiménez Becerril. Si tal no ha sido, si el tal Bautista no
votó contra la ETA por simpatía con el independentismo
terrorista, espero que Antonio Ortega le pida la carta de
dimisión como las balas, como las balas asesinas que da toda la
impresión que apoya. Como espero que el propio partido nos dé
una explicación a los andaluces, lo cual veo complicado. Porque
la mierda, cuanto más se menea, más huele.
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