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Que
viene, que viene... El euro. Rodrigo Rato reparte euromonederos
y los mostradores de las tiendas se vuelven antiguos, con las
perras. Tengo una gran confianza en la capacidad metafórica del
pueblo español y espero que en cuanto se pongan en circulación
las monedas, a cada una se le pondrá un nombre. No hay moneda
que resista el ingenio español. Las de oro de Carlos III fueron
los pelucones; Alfonso XIII niño en las monedas de plata, el
pelón; y el león constitucional en la moneda de 10 céntimos
fue cambiado en perra, perra gorda. Aquella España que a la
moneda de 2,50 pesetas le llamó "el Puchades", porque
era un medio duro, y que buscaba comparaciones por el agujerito
de la moneda de dos reales acabará encontrando motes a todas
las piezas del plástico europeo en que Rato nos enseñaba su
calderilla.
El euro hasta ahora sonaba a grandes magnitudes, pero ya se
nos hace cercano. Pensábamos que en euros sólo se podían
comprar fondos de inversión, acciones de Repsol, letras del
Tesoro. Lo tenemos encima. Lo más castizo se empieza a contar
en euros. Por ejemplo, una silla al pie de la Giralda para ver a
la Macarena y al Gran Poder en la Madrugada costará 7 euros. Y
los que saben si eso es caro o es barato, se quejan por el
redondeo: la puntería exacta de los 7 euros, no 6,80 ni 7,10,
sino 7 euros justitos. Es lo que pasará con todo. A mí me hace
mucha gracia esto del eurorredondeo. Nos obsesionará el
redondeo mientras tengamos la peseta en la cabeza, apenas unos
meses. Después, los que se quejan ahora del redondeo serán los
primeros que lo pidan. De momento todos los euroconversores
echarán humo con las cuentas de la vieja de la Familia García,
y dirán que las 150 pesetas de un café son 0,90 euros. Eso va
a durar tres días. Al cuarto, un café costará 1 euro y listo.
Y el periódico se pondrá a 1 euro. No vamos a estar
eternamente recordando a la peseta y multiplicando con la tabla
del 6. En pocas semanas se acabará la sensación de orfandad
monetaria euroconversor en mano y abrazaremos la fe del euro,
como nuestros antepasados se dejaron de reales y adoptaron la
peseta. Lo que de verdad debería decir en sus mensajes la
Familia García es lo que vamos a saber todos de sobra a la
altura del mes de abril, cuando nos hayamos olvidado de la
peseta: que 1 euro, ni 166 pesetas ni leches; que 1 euro
equivale a 1 euro. Bueno, pues para convencer a España de que 1
euro es 1 euro, Rodrigo Rato se va a gastar no sé cuantos
millones de euros.
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