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Aunque
le he dicho a mi mozo de espadas que me amarre bien los machos,
les ruego lean esto con todas las reservas del mundo. Tengo que
volver a poner en duda esta sociedad de la información en la
que dicen que estamos. Con tanto satélite y tanta línea ADSL,
podría parecer que estaban superados los tiempos apocalípticos
en que te llegaba un sobre con la cadena de San Antonio:
"Esta cadena la empezó un padre misionero en Colombia y
debes continuarla so pena de grandes males. A Juan García, que
la siguió, le toco la lotería. Pedro Gómez le dijo a su
secretaria que hiciera las copias, pero a la chica se le olvidó
y le entró un cáncer galopante." Eran cadenas escritas.
Distintas y menos peligrosas que las cadenas orales de los
falsos rumores que aún existen en una sociedad que se cree
informada.
Esta cadena es un rumor que recorre España, no menos
apocalíptico que el mensaje del padre misionero de Colombia.
Cuenta una tontas historia increíble, que reconstruyo sobre una
de las muchas versiones que he oído: "Una amiga de mi
madre estaba en la cola del híper de Las Matas. Al chico que
estaba pagando delante la faltaban 100 pelas y pidió que
alguien se las dejara. Esta señora se las dio, y él se lo
agradeció. Luego pagó ella. Salió y fue al coche a dejar las
bolsas. Entonces vio acercarse al chico de la caja. Ella pensó
que iba a pedirle más dinero. Sin embargo, lo único que hizo
fue darle las gracias. Antes de irse, volvió hacia la señora.
Le dijo: "Señora, en señal de mi agradecimiento, sólo le
comento, por su seguridad que no debe acercarse a grandes
superficies de aquí a finales de diciembre". A
continuación desapareció. Ella, extrañada, se fue a hablar
con un amigo suyo que trabaja en la Dirección General de
Seguridad. Le dijo que por qué no se pasaba un día por la
comisaría a ver si lo reconocía en alguna lista. Fue y le
mostraron fotos de gente fichada. La señora, sin la menor duda,
reconoció en una de las fotos al chico de las 100 pelas".
Siempre oída a fuentes de tanta solvencia como el primo de
la cuñada del tío de una vecina o como el novio de una
compañera del marido de una amiga, la cadena de las 100 pelas
circula por toda España, localizada ora en Cádiz, ora en
Barcelona. Las 100 pelas a veces son 40 duros, pero siempre
acaban en unas fotos y una reprobable alarma falsa. De ahí mi
duda de que estemos en la sociedad de la información, cuando
siguen corriendo los mismos bulos que cuando decían que los
curas daban caramelos envenenados. Entre cadena y cadena, me
quedo con la cadena escrita de la peseta y no con esta cadena
oral de las 100 pelas de la caja del hipermercado. Quizá es la
misma cadena, que ha pasado de lo divino a lo humano y que, en
vísperas del euro, ha redondeado la famosa peseta como 100
pelas. Vamos, 0,60 euros...
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