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No
es que los boleros tengan dentro la vida metida en una docena de
versos. Es que la vida es siempre como un bolero: amor, vida,
muerte, olvido, felicidad, pena, ausencia. Le pones a la vida
unas guitarras y acaba siempre sonando a Los Panchos. Todas las
vidas son un bolero. Lo que ocurre es que unas se notan más que
otras. No es lo mismo sentir un bolero a solas y tragarse las
lágrimas que vivirlo ante de una nación entera. Así hemos
oído vivir su doloroso, generoso bolero a Don Felipe de
Borbón. Lo suyo ha tenido hasta nombre de bolero: "La
ruptura". La letra ha estado llena de palabras cargadas del
sentimientos y razonamientos: querer, que rima con deber;
decisión, que rima con Constitución. Las palabras de este
bolero no escrito las coge Manuel Alejandro, se las da a cantar
a Julio Iglesias, lo graban en la Sony y son diez millones de
copias vendidas. Por eso los que creemos que la vida tiene que
ser como un bolero, a veces doloroso de renuncias, el que oímos
antes interpretar a dos virtuosos solistas del deber y de la
entrega que llevaban por nombre Juan, le hemos dado directamente
el disco de platino a don Felipe de Borbón por este bolero tan
bien rematado: "Cada uno seguirá su propio camino y
punto".
En las viejas piedras de Castilla, la mano anónima de un
hidalgo escribió un día sobre las armas de su linaje:
"Haz lo que debas, aunque debas lo que hagas". Ya que
andamos de boleros, hay que tenerlo muy en cuenta a la hora de
considerar lo que pudo haber sido y no fue. Lo que pudo haber
sido y no fue es un hondo respiro, ahora sabemos que asentado
ese sentido del oficio que un momento dado obliga a hacer de
tripas corazón.
Hemos tenido en España una Restauración de la Monarquía
como llovida del cielo. El Rey y la Reina la hicieron de cine.
La clave, quizá, estuvo en un lema de Don Alfonso XIII hecho
entrega de vida y de renuncias por Don Juan de Borbón:
"Rey de todos los españoles". El Rey lo ha sido y lo
es cada día de todos. De los comunistas y de los conservadores,
de los nacionalistas y de los constitucionalistas. La Corona,
igualmente, lo ha sido de todos, consolidada aún más con la
alternancia de centristas, socialistas y populares en el poder.
Hijo de ese Rey, heredero de esa Corona, Don Felipe de Borbón
vuelve, con su bolero, a ser Príncipe
de todos los españoles. Ya no divide a nadie ni en las
encuestas de Internet. Las dos Españas que Don Juan Carlos
unió para siempre en feliz concordia constitucional en
libertad, como Rey de todos los españoles, anduvieron por culpa
de un bolero en una danza peligrosa, y hasta llegaron a soplar
tricolores vientos de 14 de abril. Con todo esto ha acabado
felizmente ese bolero hablado del silencio de una tarde de
diciembre por nada menos que todo un hombre.
Sobre la Corona y la
boda del Príncipe, en El RedCuadro:
Desfile
de "majorettes", sí, pero en lencería [
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