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Como
hay quien quiere que tengamos a cualquier precio una Policía
Autonómica en Andalucía que reciba, entre otras, las
transferencias de Tráfico, conviene, desde los fríos de
nuestra tierra de escarcha y tiritera, mirar la que se ha liado
en los heleros y neveros de las carreteras de Cataluña. De las
autonomías españolas, la que mejor funciona es la catalana. A
esto no hay que darle vuelta. Saben reclamar como nadie hasta la
última peseta de Madrid, porque igual que nosotros los
andaluces tenemos puesto en nuestro escudo lo de "por sí,
para España y la Humanidad", ellos se han dejado de
utopías infantianas y sobre las cinco barras han puesto el
supremo principio político: "La pela es la pela".
Barcelona es tan bona autonómicamente porque la bolsa de
los dineros que le llegan desde Madrid sonan en la
buchaca del honorable. Saben asomar la oreja del separatismo en
el momento justo y sin el menor atisbo de violencia, por lo que,
además, se permiten el lujo de aparecer ante las Españas como
modelo de otra parte legítimas ansias de independentismo.
Cataluña tiene una autonomía exactamente igual que la de
Andalucía, por el artículo 151 de la Constitución. Sobre el
papel, somos tan autonomía de primera como ellos. Pero ese, ay,
es el papel mojado de aquel sueño de una noche de febrero que
fue el 28-F. En la realidad política, aquí hay de hecho un
autonomismo bastante asimétrico. No hacen falta los proyectos
federalistas para comprobar que esas asimetrías existen. En el
AVE de las autonomías hay vagones de clase club, de preferente
y de turista. Andalucía, tirando muy largo, va en preferente.
Y a esa Cataluña con todo su golpe de autonomía al cien por
cien, de Mozos de Escuadra organizadísimos, preparadísimos y
mejor pagados que la letra que cantaba Miguel de Molina, le ha
venido el temporal de nieve y los ha sepultado el alud de las
incompetencias. Si las carreteras catalanas hubieran dependido
de Madrid, ¡la que hubiera liado el honorable Pujol! Pero como
dependían del honorable Pujol, han hecho la trampa de la luz
para que no hablemos de las carreteras colapsadas por la nieve.
De todo lo que ha pasado en Cataluña parece que han tenido la
culpa las compañías eléctricas de Madrid, no la propia
incompetencia en la administración de incompetencias.
Los camioneros cercados por la nieve llamaban a las emisoras
de radio y decían la verdad del barquero:
-- Esto, con la Guardia Civil ocupándose del Trafico, no
hubiera pasado.
Esa es la verdad: que hay competencias del Estado central que
siguen funcionando mucho mejor que las autonómicas, con la
Guardia Civil a la cabeza. Y si eso ocurre en una Cataluña que
cree en su autonomía, que se saben una nación y no sé
cuántas cosas más, ¿se imaginan lo que podría ocurrir en
esta autonomía de plastilina que nos gestionan en Andalucía?
Si en Cataluña, con una autonomía de primera, con una voluntad
de gobierno propio que hay que reconocer que aquí no existe, se
acuerdan de la Guardia Civil ante el follón del colapso que los
Mozos de Escuadra han formado en las carreteras, ¿se imaginan
de lo que nos vamos a acordar en Andalucía el día que de las
competencias de Tráfico se encarguen los migueletes de la
Policía Autónoma, como algunos quieren con tanto ahínco? Si
en una tierra tan previsora como Cataluña se han olvidado de la
sal para la nieve en las carreteras, aquí seguro que nos
hubiéramos olvidado de la sal, del vinagre y hasta del aceite.
Piensen esto quienes lo tienen que pensar y tómense con
calma esos pujos de tener la mejor Policía Autónoma que haiga.
En Cataluña han llegado a la conclusión de que los mejores
migueletes siguen siendo los picoletos.
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