| |
Que
conste que pongo "moros" en el título por pura
preceptiva tipográfica, para que quepa, no me vayan a acusar de
racista. Sé que tenía que haber puesto un adjetivo más largo,
cuyo uso quiero consagrar, pero no cabía: suprasaharianos.
Si todo senegalés y todo nigeriano ha pasado a ser subsahariano
en el atlas africano de lo políticamente correcto, nada más
lógico que marroquíes, argelinos y libios sean suprasaharianos.
Dicho, pues, lo de "moro" con toda esta resma de
papel de fumar, entiendo perfectamente los aparentes logros del
viaje de Zapatero a nuestro antiguo Protectorado, que es lo que
se suele olvidar en esta amnesia colonial española que ni
siquiera ha sabido sacarle partido literario a nuestra aventura
africana. Ramón Buenaventura y Alberto Gómez Font aparte,
aquí están por hacer unas "Memorias de África" de
los españoles en Guinea o incluso un "¿Arde El Aaiun?"
de nuestro innoble abandono del Sahara y Río de Oro a su propia
suerte. A Zapatero le ha salido tan bien su visita a Marruecos
porque, como se ha repetido, estaba muñida por González.
González se acordó de su tierra sevillana y llamó a Zapatero:
-- Mira, ya sé qué vamos a aplicar a la crisis con
Marruecos: la técnica Queipo de Llano...
-- ¿Cómo es eso, Felipe?
-- Muy sencillo: como Queipo, vamos a montar a una docena de
marroquíes en un camión y vamos a empezar a darles vueltas por
Madrid, para que Aznar se crea que tenemos con nosotros a todo
el Reino alauita.
Pero González y Zapatero no disponían de moros en plural,
sino un solo moro, en singular: el embajador marroquí en
Madrid. A falta de camión en que darle vueltas para acongojar
al adversario, cogieron al embajador marroquí y lo montaron en
un avión. Y en vez de ponerlo a dar vueltas por Madrid, que se
gasta mucha gasolina, lo mandaron directamente a Rabat. Hecho lo
cual, la maniobra estratégica estaba cantada. Se manda a
Zapatero a Rabat para que les pida a sus correligionarios
socialistas alauitas que nos devuelvan el rosario de mi madre
del embajador, y listo: se queda de cine.
Punto en el cual, cuando el embajador marroquí haya vuelto y
Zapatero se haya apuntado la doble canasta diseñada por
González con el viejo pizarrín de Suresnes, Don Juan Carlos
podrá llamar a Mohamed VI y decirle como aquel Sir Edmund Hoare
a Serrano Súñer, cuando éste lo llamó para preguntarle si le
mandaba más guardias para proteger a la Embajada británica de
los manifestantes falangistas que pedían Gibraltar Español:
-- Primo, gracias por devolvernos el embajador, pero mucho
mejor que no nos lo hubieras quitado cuando te lo dijo González
para que se luciera Zapatero con los clásicos moros dando
vueltas a lo Queipo de Llano...
También sobre este tema, en El
Recuadro: Zapatero,
Litri y Carmina
|