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Han
pasado las horas de preocupación que hemos sentido todos tras
el pemperrenque de mi querido Jaime de Marichalar. Y como el
Duque de Lugo ya hasta puede leer los periódicos, espero que
este artículo tenga efectos fisioterapéuticos, y que le sirva
para un sano ejercicio de rehabilitación de la risa, que falta
le hace. Pues cuando me he enterado que a Don Jaime le ha
quedado de momento una hemiplejia del lado izquierdo, me he
dicho:
-- Aviada va la hemiplejia con Marichalar...
No sabe la hemiplejia con quién se juega los cuartos. Los
malvados creen que Marichalar no da un palo al agua, y tengo el
honor de ser testigo de las palizas que le da al líquido
elemento del currelo, como director ejecutivo del Credit Suisse
First Boston y como presidente de la Fundación Winterthur,
aparte de sus obligaciones como esposo de la Serenísima Señora
Doña Elena. Yo lo he visto llegar a Sevilla, con las horas
cambiadas, directamente desde Miami, para presidir la
presentación de un libro de Ussía en la Winterthur. Y lo he
visto quedarse luego a una cena simpática en honor del autor
del libro hasta las mismas tantas. Ninguno de los presentes
sabía que aquel Marichalar tan relajado de la 1 de la madrugada
tenía que coger el avión de las 7 de la mañana para enlazar
en Barcelona con un vuelo de Milán, donde tenía una reunión
del banco a las 12 y desde donde luego se tenía que ir a Zurich,
a cenar con sus señoritos de la banca suiza. Lo he visto
sacarle el dinero a esos mismos señoritos para llevar a Ginebra
"El barbero de Sevilla" del Teatro de la Maestranza y,
tras el estreno, coger un avión para ir a Singapur y volver al
día siguiente para acompañar a la Infanta a una cena de gala
en Palacio. La agenda de Marichalar echa humo, pero siempre le
sobra tiempo para ir al cole a recoger a Felipe Juan, vulgo
Froilán; para asistir con la Reina a un concierto; para ir con
el Rey a una inauguración, con la Infanta a salones del
caballo, reuniones de ONG o corridas de toros, o para meterle el
venenillo del madridismo a su hijo en el Bernabeu.
Cada vez que hablo con Marichalar y me comenta su agenda, me
entran hasta agujetas en los oídos. ¿Cómo puede este hombre
hacer todas esas cosas y además quedarle tiempo para ser, junto
a la Serenísima, más Borbón que muchos Borbones? Por eso no
le arriendo las ganancias a la hemiplejia. Sin tener que ir por
el despacho y sin obligaciones de la Institución, con todo el
día por delante sin un solo avión, éste se coge la hemiplejia
en el gimnasio, pim, pam, pim, pam y ya verán ustedes lo que le
dura. Lo suyo, dale que te pego a la rehabilitación, puede ser
de caso para exponer en un congreso médico. Que sea pronto,
querido Jaime. No olvide vuecencia que de ese lado en
rehabilitación cae la famosa mano izquierda de la Familia
Real.
Temas de Monarquía en El RedCuadro
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