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Las Ventas no va nadie con banderas nazis de la cruz gamada. En
los alrededores de Las Ventas, antes de la corrida, todo lo más
que te puede ocurrir es que te roben la cartera, pero nunca que
un exaltado partidario de El Juli o de José Tomás te pegue una
puñalada, ni aunque le digas que Julián López no vale un duro
y que el de Galapagar es un vídeo de Achúcarro sobre Manolete
pasado por Paco Ojeda. Dentro de la plaza, los más violentos
son los del Tendido Siete, no hay Ultra Siete. Si la Policía
los registrara al entrar, les encontraría todo lo más un
montón de pañuelos verdes, color de la esperanza, pero ni una
sola navaja. Vamos, ni para cortar el chorizo de la merienda,
porque donde se come en el tercer toro es en Algeciras, Granada
o Pamplona.
En la plaza de toros de
Sevilla, vulgo Maestranza, nunca ha disparado nadie desde los
tendidos de sol una bengala que le haya pegado en todo el pecho
a un promotor inmobiliario que estaba tan tranquilamente
pintando la mona en el abono de su barrera de los capotes. Ni en
aquellas aciagas tardes en que Curro Romero estaba genialmente
para matarlo le arrojaban latas de cerveza, pilas de teléfonos
móviles o botellas. Todo lo más le tiraban acolchadas
almohadillas y rollos de papel higiénico, pero del suave,
suave, del que anuncia el perrito.
Ningún espectador ha muerto
nunca en una riña en una plaza de toros. Todo lo más, ha
saltado un estoque de descabello y ha chocado a un señor de
gris. Si alguien ha muerto en una plaza, han informado
puntualmente las coplas y los poemas, léase El Espartero,
Joselito, Sánchez Mejías, Manolete, Paquirri, Granero.
Pues esa Fiesta Nacional donde
los goles, que son las orejas, se marcan por democrática
petición mayoritaria y donde no hay la menor violencia, depende
administrativamente del Ministerio del Interior y la corrida la
preside un policía, como si los toreros fueran todos de la ETA.
Y en cambio la Fiesta Nacional del Fútbol, donde ha tenido que
crearse un Comité Antiviolencia y donde cada
lunes y cada martes matan a un pobre aficionado, depende del
Ministerio de Cultura. Los toros, en su belleza, son por lo
visto un problema de orden público y tienen que seguir
dependiendo de Interior. El fútbol, con toda su sangre, sus
navajazos, su violencia, es por lo visto Cultura y por eso no
arbitra los partidos un policía. Cada día se aprende algo. No
sabía yo que las asesinas patadas de kárate en el hígado de
un inocente seguidor del Depor fuesen una forma de Cultura.
Informe
de El Mundo: La muerte de Manuel Ríos se une a una larga lista
de violencia en el fútbol
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