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Como
a renovar tocan, renovemos los usos del lenguaje. Aparte de
"pedida" pueden ustedes decir también esponsales, que
es igual de clásico, y que como no lo usa ya nadie parece
modernísimo. Sentado lo cual nos atrevemos a decir que mejor
que un libro de Larra, la joya literaria de la Corona del regalo
de esponsales al Príncipe de Asturias tenía que haber sido un
volumen primorosamente encuadernado en piel, que seguro que lo
hay en Bardón, de la primera edición de las "Acotaciones
de un oyente" que Wenceslao Fernández Flores publicó en
1917 y donde recopiló las más brillantes crónicas
parlamentarias de la historia del periodismo español. ¿No
estamos en una Monarquía Parlamentaria y no se trataba del
libro de un periodista? ¿Pues qué mejor que una obra del mayor
cronista parlamentario, que escribió, además, unas novelas
bastante menos coñazo que "El doncel de don Enrique el
Doliente", léase "El bosque animado" o "El
malvado Caravel"?
Ese libro, además, habría
servido para poner de moda algo que vamos a necesitar mucho,
como es el sentido gallego del humor. Ahora tenemos a Larra en
el candelabro de Palacio, pero con muy poca utilidad para la
vida moderna que va en la orden de plaza. Fernández Flores
hubiera sido absolutamente multiusos. Hubiera servido tanto para
la alegoría del presente al símbolo del pasado en términos de
futuro como para bandearnos por las campañas electorales en
marcha sin la perplejidad que ahora sentimos algunos. Sólo con
Fernández Flores en la mano y con toda la tradición del humor
galaico, del "Catecismo do labrego" a los
sochantres de Cunqueiro, puede entenderse algo tan aparentemente
hermético e iniciático como la mucha, muchísima gracia, mas
de sal finísima, que tiene Mariano Rajoy.
Vengo de oír un mitin de
Mariano Rajoy ante una parroquia enfervorecida de partidarios y
siento vergüenza ajena, porque el personal no entendió
absolutamente nada del sentido del humor de Mariano, británico
por celta. Ni una risa hubo, ni un aplauso, cuando dijo:
"Nosotros vamos a hacernos responsables de lo que hagamos y
no le vamos a echar las culpas a Europa, Asia, Africa, Oceanía
o las Naciones Unidas." La gente se quedó como el que oye
llover cuando dijo que su programa no era como el de
"Zapatero y los grandes expresos europeos". Que el
público reaccionara así es comprensible. Está acostumbrado a
la sal gorda en los mítines. Pero me extraña que ayer no
hubiera un solo titular que valorase su avance de programa
electoral. Dijo Rajoy un enunciado fundamental que podía
haberlo escrito perfectamente Fernández Flores: "Gobernar
consiste en hacer las menos tonterías posibles". Oye, y
como si dijera que los parámetros del índice de precios al
consumo se han de cohonestar con las previsiones del crecimiento
del PIB. La gente ni se coscó. Y los redactores jefes ni lo
olieron a la hora de los titulares con letras así de gordas.
Claro, como ahora pintan Larra y Rajoy no dijo nada del
"vuelva usted mañana" ni de "todo el año es
Carnaval", pues se nos va a todos vivo el muchísimo
Fernández Flores que Rajoy lleva dentro.
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