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Así
que sale el tío, un florista mexicano con muy poca vergüenza,
y dice que como en España no hay huerta murciana, ni flor
cortada de Chipiona, ni viveros de Galicia, desde la Casa de S.M.
le han encargado gardenias para ti para la boda y alcatraces,
muchos alcatraces. Hablando de alcatraces: qué pájaros. Los
dos, los alcatraces y el mexicano que dice que le han encargado
los alcatraces y las gardenias. Desde la Casa del Rey han
desmentido inmediatamente la noticia. En este mundo de
aprovechados, me temo que se van a volver locos como tengan que
dar un desmentido a cada oportunista. No van a parar. Yo he
visto con estos ojos cómo salía por televisión un señor y
decían muy serios y muy solemnes que ya había sido invitado a
la boda. Menos mal que la Casa no entró al trapo y no dio el
habitual desmentido: "Ni siquiera se ha reunido la
comisión que hará el expurgo de las listas." Pero como
todo lo que dicen por televisión, el nuevo púlpito de la
verdad revelada, lo afirme quien lo afirme y sea en el programa
que sea, es convertido inmediatamente en dogma, pues a ese
señor que digo ya la gente hasta lo para por la calle y lo
felicita: "Enhorabuena, que me he enterado que el Rey te ha
invitado a la boda..." Y el otro, claro, dándose
importancia, pues, ¿a qué va a dar tampoco un desmentido? Y
como la realidad imita al arte, estoy seguro de que al final lo
acabarán convidando a la boda.
Entre el florista y la
invitación, queda claro que del Rey abajo y del Rey arriba
nadie se libra de la impunidad de la mentira, que ahora tiene
las piernas larguísimas. No hablo ya de Inglaterra y del
Príncipe Carlos, que está lejísimos. Hablo de España y de
los señores corrientes. Usted, don Pepito Pérez, que es un
señor normal, felizmente casado, que tiene su trabajo y su
prestigio profesional, está expuesto a que mañana un nolaco
salga por televisión y diga: "¿Ah, pero no sabes lo de
Pepito Pérez? Pues que a Pepito Pérez lo han cogido liado con
un bombero. ¿Y no sabes lo del sida? Pues que Pepito Pérez
tiene sida..." Y desde ese mismo instante, Pepito Pérez se
queda con su bombero y con su sida como España se quedó sin
Cuba.
Se impone una ley general
contra el "nolaco". Estamos impunemente en manos del
nolaco español o hispánico. El nolaco larga su embuste
mediático, y échale un galgo para desmentirlo. ¿Que no sabe
usted qué es un nolaco? Un viejo arquetipo de la galería de la
poca vergüenza de mi tierra: "Ese es un nolaco".
Nolaco es un apócope. Es el apócope de
"no-la-conoce". ¿El qué? ¿Pues qué va a ser? ¡La
vergüenza!
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