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El Recuadro   

 Antonio Burgos
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El Mundo,  lunes 17 de noviembre del 2003

  ¿QUIÉN HACE ESTO?    Abel Infanzón de hoynewchico.gif (899 bytes)          


ANTONIO BURGOS | EL RECUADRO


Antiguas pesetas

Entre las muchas adjetivaciones inútiles del habla cotidiana, ninguna como llamar antiguas a las pesetas cuando se echa una cuenta de la vieja (o de la joven) en euros:

-- Lo que equivale a 20 millones de las antiguas pesetas.

No, ni antiguas ni modernas: pesetas. La peseta no es que sea antigua, es que no existe más que en la Historia de Economía y en la memoria Ram de nuestra calculadora mental, a la que no hemos cambiado aún el chip. A las pesetas antiguas les pasa como a los duros antiguos: que dieron en Cádiz mucho que hablar. Decir antigua a la peseta es tan inútil como llamar antiguo al maravedí, al ducado o al real de a cuatro, resellado o sin resellar. Son pesetas. Y punto, como dice Belén Esteban. Con las que nos vamos bandeando cada vez más en las cifras de andar por casa, de pagar la factura del restaurante, la carrera del taxi o la cuenta del hipermercado. Ahí hacemos pie. Si el restaurante nos cobra 290 euros por la cena de tres personas con vino de la casa, sabemos que nos han pegado la estocada de la feria. O que el cartón de leche está tirado en el híper si lo cobran a 60 céntimos. Hasta hemos aprendido que 6.000 euros es un millón de pesetas. No de las antiguas pesetas: de pesetas, de las que ya no circulan más que en Puerto Rico, donde llaman así a las monedas americanas de 25 centavos, al "quarter" de Tío Sam. Mas a partir de 6.000 euros, todos perdemos pie con las cifras de euros. Nos dicen que un amigo se ha comprado un piso de 307.204 euros y no sabemos si es caro o barato. Nos dicen que tal empresa ha tenido unos beneficios de 24 millones de euros y no sabemos si está forrada o al margen de la ruina.

Por increíble que parezca, existen los que se bandean como pez en el agua con esas cifras de los balances en euros que a nosotros nos marean. Estuve antier en una comida a la que asistía un gran empresario. Salió a relucir el nombre de otro. Dijo:

-- Yo tengo con él pendiente un arbitraje de 500 millones.

-- ¿De pesetas?

-- No, hija: 500 millones son 500 millones de euros.

Le preguntaron que cuánto era eso y dijo sin pestañear: 83.000 millones de pesetas. Y luego hablaron de Telefónica, y dijo muy seguro que había tenido un EBITDA de 9.000 millones. Y yo, que gracias a Dios no sé qué es el EBITDA, imagínense cómo me quedé cuando habló de los 9.000 millones. Más allá de la frontera de los 6.000, todas las grandes cifras en euros nos parecen que están en chino.

Menos mal que la revancha vino luego. En la inflación que vivimos sin darnos cuenta, alguien se quejó de lo que ha subido tomar café en un bar. Entonces quien no tocaba bola era el empresario de los balances en euros. Le pasaba como a nosotros, pero al revés: no hacía pie en los 4,60 euros de la carrera del taxi, en el 1,50 del periódico del domingo. Por lo que he llegado a la conclusión de que ni las amas de casa ni los grandes empresarios, ni Rodrigo Rato: los únicos que no siguen pensando en pesetas son los niños del colegio. Esos no dicen siquiera "antiguas pesetas". Son los únicos que no piensan en pesetas.


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