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La
España viva pinta vítores. Aplicables a todos los territorios
patrios, excepto a la propia nación. Puedes gritar "Viva
Castro Urdiales" o "Viva La Bañeza", que te
toman por nacionalista. No se te ocurra gritar "Viva
España", porque entonces eres un fascista de mucho
cuidado. Tal vítor, en el mejor de los casos, es de uso
externo, como el linimento del tío del bigote. Sólo se te
perdona que lo grites si estás en Oslo, está jugando la
selección española y Raúl le marca un gol a los paisanos de
Eva Sannum.
Puedes, en cambio, gritar
"Visca Catalunya Lliure" (pronúnciese "yura"),
"Gora Euskadi Askatututa", "Viva Andalucía
Libre" e incluso si eres extremeño y te llamas Rodríguez
Ibarra, puedes gritar la versión libre para la radio del
"Viva Extremadura Libre": "Me importa un pepino
lo que pacten Maragall, Mas y Rovira, porque ya estoy hasta el
gorro y me importa tres leches". Le faltó añadir: "Y
un jamón". Hubiera sido una propaganda preciosa del jamón
extremeño, ahora que lo va a regalar a troche y moche y
Montánchez para que las bodas del Príncipe de Asturias sean
las de Camacho.
Por eso tiene mucha más fuerza
el "Viva Madrid libre" que acaba de gritar Esperanza
Aguirre, erigiéndose en una especie de sección femenina del
alcalde de Móstoles, sin empanadilla. Como Madrid es mucho
Madrid para pedir su libertad, se ha quedado con una parte del
todo a la hora de gritar independencias. Más que para Madrid en
general, pide libertad para el suelo urbanizable. ¡Viva el
ladrillo libre! Aguirre pone al día la vieja reivindicación de
la tierra. Blas Infante decía: "Andaluces, levantaos,
pedir tierra y libertad". Ella lo actualiza:
"Madrileños, levantaos, pedir suelo y libertad". La
vieja reivindicación de la tierra es ahora la reivindicación
del suelo. Los ayuntamientos son los nuevos terratenientes que
tienen sobre el suelo el derecho de pernada de la
recalificaciòn. A suelo libre, se acabó la recalificación y
el cobro de maletines o de impuesto revolucionario en forma de
un polideportivo que tiene pagarle al ayuntamiento quien se
compra un piso. De todos los vivas de este tiempo de
disgregación patria, me quedo con el grito de Esperanza Aguirre
para acabar con la tiranía municipal del ladrillo y con el
reparto de la tierra previo pago de su convoluto. Si lo lleva a
cabo, pasará a la historia como autora del nuevo lema de la
Villa y Corte, reescritura del clásico "De Madrid al
cielo". Ahora será: "De Madrid al suelo, y un
agujerito para echar los cimientos de un bloque de pisos por el
que ningún concejal de Urbanismo haya cobrado la
comisión."
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