Una
explosión en campaña...tranquilos: el azahar
Martes, 7 de marzo del 2000
Sé
que a ustedes les gustaría, quizá, que comentara las novedades
de esta campaña, que de durar por lo menos veinte días más,
conseguiría el desideratum de que lo tuviéramos todo gratis
total, como iba Solchaga en el barco de la Transmediterrénea.
En los días de campaña que llevamos nos han prometido que
bajan los impuestos, que suben las pensiones, que van a poner
las entradas de cine más baratas para los jóvenes, o que como
en los ideales populistas e igualitarios de los bandidos
generosos del siglo XIX, lo que ganan los ricos con las
reprivatizaciones se les va a quitar para dárselo a los pobres
a razón de medio billón de pesetas por barba de sociedad a
remojar para aumentar los fondos de garantías de pensiones. Ya
no pueden prometer que van a quitar la mili obligatoria, porque
la han quitado; ya no pueden prometer enseñanza obligatoria y
gratuita hasta los 18 años, porque la hay; ya no pueden
prometer médico y botica gratis para todo, porque la hay...
Por
eso, ante esta situación absolutamente de los pajaritos cantan
y las nubes se levantan que son las primeras de la campaña, el
mundo feliz de Aldous Huxley puesto en el almanaque electoral
para el domingo que viene, que viene, psss, pssss, en el que
todos dicen que son los otros los que vienen, que vienen, pssss,
pssss, y que los leales tienen que acudir todos a votar para
impedir que así sea...
Por
eso, ante estas vísperas del gratis total, a mí me incomoda
estropearles el pasodoble hablando de una explosión, pero no
tengo más remedio que hablar de una explosión. Pero no es la
explosión en la que piensa. Ojalá todas las explosiones,
dentro de campaña electoral o fuera de ella, fueran tan
hermosas como la explosión que quiero comentar. En las últimas
horas, por todas las calles de Sevilla, se ha producido la
explosión de la belleza: ha florecido el azahar. Yo quisiera
que del mismo modo que existe la televisión en color o el
teléfono interactivo, existiera la radio con olor para que
Protagonistas pudiera llevarles la fragancia de esta explosión,
anuncio cierto de la primavera. Ha estallado el azahar junto a
las blancas tapias de los conventos, junto a las torres
barrocas, a la orilla del río, en las viejas calles estrechas
de pregones y siesta y en las nuevas barriadas de niños en la
ruta con el bollicao de la merendilla escolar. Ojalá todas las
deflagraciones que tuviéramos que reseñar en estos días
fueran como la hermosa explosión del azahar de Sevilla, sobre
la que ya han emitido su habitual comunicado los enamorados, los
poetas, los locos de la vida, los que no se hartan de belleza.
Mejor siempre no hartarse de belleza que no hartarse de
sangre...