¿Por
qué la violencia del fútbol sigue dependiendo de Cultura y los
toros de Interior?
Martes, 4 de abril del 2000
Con todo
lo que no voy a tratar en este Picotazo podían llenarse
todas las horas de Protagonistas que vas a hacer hasta la 1 de
la tarde, Luis. Porque no voy a hablar del gratis total de
investidura de Convergencia a Aznar, ni del banquillo de la PSV,
ni de ese monseñor Rouco que dice que la guerra civil está
demasiado lejos como para pedir perdón por los errores de la
Iglesia española, ni, metidos en errores, tampoco voy a hablar
del bálsamo de Fierabrás que ahora, como un juego murciano de
rol sin espada de samurai, trae González para que el PSOE
hubiera ganado. Vamos, que por no hablar, no voy a hablar ni de
Eliancito ni de Bill Gates, qué pesados están los americanos
con Eliancito y con Bill Gates...
Aunque no
es lunes, voy a seguir hablando de fútbol. Porque en el fútbol
ocurre todo lo contrario que en el voto de Convergencia por
Aznar: todo es incoherencia. Por un quítame allá ese gol, que
dicen que se lo marcó directamente Lendoiro al Sevilla C.F. por
mano interpuesta del árbitro, los verdes campos del Pizjuán,
en esta tierra que dicen que es de paz y de esperanza (por
aquí) se convirtieron el otro día en un campo de batalla.
Poco
antes, un jurado popular había declarado culpable de la muerte
de Aitor Zabaleta a un hincha del Real Madrid. Las portadas de
la prensa futbolística, mal llamada deportiva, parecen algunos
días boletines de huelgas generales, de las de policías
antidisturbios que llevan.
Y todo
esto, sin que nadie sepa por qué, con la cantidad de guardias
que requiere cada domingo, pertenece administrativamente al
Ministerio de Cultura. ¿Tiene un cuerpo de antidisturbios el
Ministerio de Cultura para actuar en los campos de fútbol? No,
padre, se los pide a Interior. Del Ministerio de Cultura,
incomprensible e incoherentemente, depende un espectáculo cuyos
niveles de civilización requieren el funcionamiento de un
Comité Antiviolencia. Por el contrario, en esta España de las
incoherencias, la fiesta de los toros depende del Ministerio de
Interior. Que yo sepa, ningún partidario de El Juli ha matado a
navajazos a ningún seguidor de José Tomás. Es más: la otra
tarde, en Castellón, a las mismas horas del gol anulado al
Sevilla, a Joselito le negaban los máximos trofeos y en vez de
armarse la pajarraca, José Miguel Arroyo, muy digno, cogió del
suelo dos puñados de albero y con ellos a modo de trofeo dio la
vuelta al ruedo, clamorosa de un público que aunque llamaba de
todo al presidente, no hizo en ningún momento necesaria la
presencia de la policía.
No sé
cómo Aznar, que viene privatizándolo todo, no privatiza la
fiesta de los toros y le quita los guardias que le metió el
ordenancismo ilustrado de Carlos III. Como tampoco sé cómo un
espectáculo de alto riesgo como el fútbol no depende del
Ministerio del Interior y sigue en Cultura. En los toros, donde
no pasa nada, preside un policía. Y en el fútbol, donde hay
muertos, no arbitra un guardia civil. Aunque viendo las cuentas
del Gran Capitán de, Atlético de Madrid, me parece que los
partidos de fútbol los debería arbitrar un inspector de
Hacienda.