Gasolinas:
dos monopolios, peor que uno
Martes, 23 de mayo del 2000
Por mucho
que hayamos entrado en la Unión Europea, la Unión Europea no
ha entrado en nosotros. España sigue siendo diferente. España
es el único país donde el mismo señor que como ministro de
Defensa mandó las Fuerzas Armadas constitucionales a una Guerra
del Golfo donde no se nos había perdido nada, dice ahora que
esas mismas fuerzas no pueden desfilar en su pueblo. España es
el único país europeo donde los ex ministros de Defensa como
Narcís Serra sientan plaza de objeción sobrevenida. Y España
es el único país que se pregona instalado en la economía de
mercado, que presume de libertad de precios y la gasolina sube
lo mismo en todas las estaciones de servicio y al mismo tiempo.
Lo que sorprende en Europa no es que suba tanto la gasolina en
España, sino que suba al mismo tiempo en todas las petroleras.
Qué puntería, hijos, le dice la comisaria Loyola de Palacio al
duopolio gasolinero español.
Esto debe
de ser como los plátanos de Canarias, pero al revés: dos, peor
que uno. Me refiero al monopolio. Dos monopolios, el de Cepsa y
el de Repsol, mejor que uno, el de Campsa, cuyas siglas eran
Compañía Arrendataria del Monopolio de Petróleos. Ahora hay
dos compañías arrendatarias del monopolio de la gasolina que,
encima, se han comprado el piso y no tienen que pagar alquiler.
Desapareció Campsa, y nos creíamos que ya éramos europeos.
Simplemente habíamos cambiado de número, pero no de caso ni de
género de monopolio. Habíamos pasado a Campsa 1, que es
Repsol, y a Campsa 2, que es Cepsa. Sólo así se explica eso de
Guinnes Book, de que la gasolina haya subido seis veces de
precio en el mismo mes. Mayo ya no es el mes de las flores, es
el mes de la subida de la gasolina.
Hay que
entender, por tanto, que el monopolio es una tradición
española como las corridas de San Isidro, las romerías de los
patronos, la sangría o la paella. Ya no existe monopolio de
teléfonos, pero las llamadas urbanas las tenemos que seguir
haciendo por Telefónica. Ya no existe monopolio aéreo, pero
cuando Iberia se resfría, Air Europa estornuda. Villalonga se
ha montado su gran imperio virtual en Internet gracias a que
sigue manteniendo por el mango la sartén de las llamadas de la
calle Mayor a la calle Real, vamos allá, son diez mil pesetas.
No existe el monopolio eléctrico, pero que me digan cómo
encender la bombilla sin contar con Iberdrola o con Sevillana.
De todo lo
cual se infiere que nuestra Europa es virtual como un portal de
Internet, como Terra o como esos ciberpelotazos que bajan con la
velocidad de un ciclista en el descenso del Alpe Duez. En mal
sitio ha ido a poner la era Villalonga. Más que portales
virtuales, tenía que haber comprado gasolineras reales, que
esas sí que suben más que Indice de Valores Tecnológicos.
Claro que siempre queda el consuelo del castizo, al que le da
igual que la gasolina haya subido 18 pesetas desde enero,
porque, total, a él siempre le cuesta lo mismo acercarse a la
estación de servicio: "Eche usted cinco mil pesetas"