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"Protagonistas" de Luis del Olmo
El
"Picotazo" de Antonio Burgos se emite los martes, a las 6,
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Luis
Portero: malhaya el crimen, fue en Granada
Martes, 10 de octubre del 2000
El crimen fue en Granada.
Malhaya. A veces muchos corazones caben en una sola palabra. Y
en este triste amanecer la palabra es malhaya. La palabra de
Granada con la que García Lorca renegaba de las sábanas de la
muerte que traían los niños a las cinco de la tarde, y
maldecía a los desbocados caballos del horror. Hoy dedico esa
palabra lorquiana, malhaya, a la malfretría de los malhadados,
y pienso en Granada. Siento todo el dolor de Granada, y es mío
todo el pesar de jueces y magistrados, y este sentimiento de
coraje colectivo que tenemos en España entera. Por eso mismo no
quisiera hablar de ellos, ni para maldecirlos de toda
maldición, malhaya.
¿Qué hacer? ¿Callar acaso? Es
lo que nos pediría el cuerpo, ni siquiera hablar de ellos,
malhaya. Se me hace muy cuesta arriba. Pero subo la Cuesta de
Gomérez para ver la Alhambra de la vida y dar este Paseo de los
Tristes momentos de Granada. Es lo que quieren, que hablemos de
ellos. Quieren cercarnos en nuestra indignación, a ver si los
corazones saltan por los aires como los coches en los que dejan
una fiambrera de triquitraque con el nombre de un facineroso que
tuvo el fin que merecen, malhaya. Quieren que nos recomamos con
sus asesinatos. Por eso a Luis Portero le causaron cobardemente
dos heridas incompatibles con la vida. Porque los incompatibles
con la vida, con el aire que respiramos, con la sonrisa de los
niños, con el amor de los hijos son ellos. Todo es tan contra
la lógica, que en vez de caer todo el peso de la ley contra los
criminales, cae todo el peso del crimen sobre un juez justo.
Yo hubiera preferido hablar del
amor, de la belleza de la mañana, para no caer en la trampa de
darles altavoz. Malhaya. Pero me ha impresionado el coraje de la
familia de Luis Portero, al donar sus órganos. Cuánta vida
puede a veces surgir de la muerte. Cuánta esperanza de la
desesperación. Contra eso sí que no pueden, malhaya. El fiscal
Portero no ha muerto. Sus ojos harán que una muchacha pueda ver
los colores del arco iris. Su corazón servirá para que un
padre pueda seguir amando a sus hijos. Luis Portero ya no puede
ver, ya no puede amar, pero sus ojos y su corazón siguen vivos
en otros amores, en otros atardeceres de Granada. Por eso repito
aún con más fuerza el malhaya lorquiano. Porque los mismos
fascistas que mataron a Lorca han vuelto a Granada para matar a
Luis Portero. El crimen fue en Granada. Malhaya.