El Picotazo

 Antonio Burgos

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En "El Mundo": "El coronel de la corbata de lazo"

Muñoz Cariñanos, un militar de puertas abiertas

                                            Martes, 17 de octubre del 2000

Antonio Muñoz Cariñanos no solamente era mi amigo, sino que conmigo formaba parte de los Antonios de cámara de Rocío Jurado. Rocío Jurado colecciona amigos Antonios como el que colecciona cuadros de Antonio López. Hasta cuatro Antonios tiene entre los que escribimos cosas: Antonio Gala en Madrid, Antonio Murciano en Arcos, Antonio Martín en Cádiz y servidor de ustedes en Sevilla. Le cose otro Antonio, también gaditano, Antonio Ardón. Y cuidaba de sus herramientas de trabajo, de sus cuerdas vocales, este Antonio generoso y entregado a los demás, que era más que un médico y bastante más que un militar, general con mando en la plaza de eso que antiguamente se llamaba la filantropía: Antonio Muñoz Cariñanos. Era Cariñanos amigo de sus amigos y hasta de quienes no conocía y se acercaban a su consulta. Y hasta tal punto cuidador de los detalles y de hacer felices a las gentes, que cuando su Rocío de su alma se casó con Ortega Cano en la Yerbabuena, se compinchó con su amigo el piloto Almagro para arrojar flores sobre los novios desde una avioneta. Para eso quería Cariñanos las alas de guerra y de muerte: para lanzar desde ellas epitalamios en forma de lluvia de flores. Porque era un hombre de vida.

Pero, ojo, un militar. Igual que en la muerte de Antonio Ferrandis se ha sobrepuesto el cliché de Chanquete sobre el Oscar que el actor ganó con Garci, Cariñanos puede quedar en esta hora del dolor en la caricatura del médico de las artistas, entre Rocío Jurado y la Pantoja, entre Raphael y El Lebrijano. Sí, era eso, médico de cantantes, de los flamencos, consultor y casi confesor de muchos artistas. Pero antes que eso, militar. Militar de Aviación, para más señas, de los que con su bondad hacen por la imagen de las Fuerzas Armadas mucho más que muchos días de puertas abiertas, porque Cariñano era una constante jornada de puertas abiertas, las de su corazón, el que ha matado la ETA.

Hoy el dolor de Sevilla lleva el nombre de Antonio Muñoz Cariñanos como en una copla de sus artistas. El nombre de un militar. A mí nadie me quita de la cabeza que lo han asesinado en cuanto militar, no como médico de artistas. Un militar que el valor no se le suponía. Aunque se sabía amenazado, gastaba bromas sobre la dimensión de su cabeza como objetivo de los asesinos. De lo que no gastaba bromas Cariñanos era de profesión militar, de la España de su corazón. El corazón que un militar ha entregado por España.

 


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