Las
vacas locas y los toros de Victorino
Martes, 9 de enero del 2001
Cómo será lo de las vacas locas, Luis, que
hasta hemos aprendido a decir EEB, que aunque suena a Otegui
significa Encefalopatía Espongiforme Bovina. Y por si fuera
poca la psicosis, nos podemos encontrar con algo peor que las
vacas locas: los toros locos. Victorino Martín le ha dicho a
Arias Cañete que puede estar tranquilo con los toros, que no le
van a poner los cuernos en el chalequillo, porque ninguno está
ni afectado ni afeitado y porque los ganaderos de bravo son
profesionales que saben lo que dan de pastar a sus cuatreños.
Victorino estará muy tranquilo y tranquilizará
al ministro, que está de los nervios, como las vacas locas,
pero los que estamos con la mosca detrás de las dos orejas,
somos los aficionados. Esto de las vacas locas puede darle la
puntilla a la fiesta. Ya está descartado que la puntilla y el
descabello puedan originar la transmisión del mal, como se
dijo. Pero todos los toros que se maten a estoque en las plazas
españolas tendrán que ser incinerados. En España hay día de
fiesta que se dan cien festejos. Quiere decir que se matan por
lo menos 500 toros. ¿Dónde hay plantas para incinerar 500
toros en un día? De momento, en Cataluña, en Asturias, muy
lejos de la tierra de sol, toros, moscas y pasodoble. Y aunque
haya incineradoras, no habrá dinero para dar muchos
espectáculos. En Las Ventas, en La Maestranza, en la Monumental
de Barcelona no es problema. Son empresas sólidas y
espectáculos donde la venta de carnes es un ingreso residual.
Pero para los empresarios que dan toros en los pueblos, la venta
de las carnes es un capítulo importante de ingresos. Quiere
decir que de momento toda la España de Solana y de plaza de
carros puede quedarse sin fiesta de toros y nada digo de los
valencianos "bous al carrer" o de los sanfermines. ¿A
que vamos a ver correr los mozos con mascarilla protectora
contra la encefalopatía como se ponga flamenca la Unión
Europea? Lo que me extraña es que con el intervencionismo
estatal que hay en la fiesta de los toros, estas preocupaciones
sean de los ganaderos o de los aficionados. Las corridas las
preside un policía, que es como si los partidos de fútbol los
arbitrara un guardia civil. Y pesar de este intervencionismo
estatal y reglamentista en la fiesta nacional no parece que
preocupe mucho este españolísimo aspecto de la epizootia
europea. A mí me preocupa porque no quiero ni pensar que por
malas del demonio un día se declare un caso de toro loco y
manden sacrificar los bovinos bravos de toda una explotación.
Toco madera de talanquera, porque como esa explotación sea por
ejemplo, Miura, será como si la Unión Europea nos obligara a
sacrificar el toro picassiano del Guernica, el romance y la
leyenda, los poemas de Fernando Villalón y el pasodoble a
Manolete.
Sobre las vacas locas
en El RedCuadro
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Carmen
Sevilla, investigadora de vacas locas