El Picotazo

 Antonio Burgos

Onda Cero Radio


Comentarios en "Protagonistas" de Luis del Olmo

El "Picotazo" de Antonio Burgos se emite los martes, a las 6, 15 y 8,15 de la mañana

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Qué envidia, la mayoría absoluta de los 300 votos de Bush...

                                            Martes, 23 de enero del 2001

 

Los americanos están en Rota, y ahora quieren ampliar la base por la altura. Como quieran, se quedan con Rota y con tó Cádiz, la Catedral, la Viña y el Mentidero, y verán que no exagero si digo que no se hartan. No se hartan porque se saben primera potencia mundial y quieren que se note. No son la primera potencia por casualidad. El poder, para el que lo trabaja. Y los americanos se trabajan el poderío desde la base, no la de Rota, sino esa base social que orgullosamente saca la bandera de las barras y estrellas a la ventana el 4 de julio o se lleva la mano al pecho, como para que no le quiten la cartera, al oír el himno nacional. Aquí, en cambio, somos una potencia industrial, un país fuerte de Europa, un paraíso para subsaharianos de pateras y ecuatorianos de huerta murciana, y no nos lo acabamos de creer, por mucho que Aznar diga que esto va de cine aun sin globo de oro de Javier Bardem y por más que prometa diez años más de lo mismo, pero más recargado de bombo y platillo.

Los americanos están donde están y nosotros donde podemos y nos merecemos. ¿Se imaginan que Aznar hubiera llegado al poder por sólo 300 votos de diferencia, y tras un escrutinio con un olor a puchero que ni un caldito de hueso a lo Villalobos? Los americanos, en la jura de Bush como presidente, han sacado la vieja Biblia de Washington para pasar página del lamentable escrutinio a ojímetro en Florida. Y acto seguido, Bush se ha puesto a pisar callos, que gobernar es pisar callos sin pedir perdón. Me dan envidia los americanos. Bush ha entrado en la Casa Blanca quitando toda la decoración de Hillary y poniéndola en tonos pastel, al gusto de Laura, y le ha echado siete llaves a la bodega, si bebes, no conduzcas el Imperio, y si lo conduces, no bebas. Ha pedido lápiz y papel y, hala, a firmar decretazos del tirón, para echar abajo todo lo de Clinton. Le ha dicho a un propio: apunta, nene, en pensiones, esto, y en Defensa, lo otro, y en impuestos, así, en educación, asao, ni un duro para el aborto, y esto es lo que hay.

Lo admirable es que eso lo hace Bush con sólo 300 votos de diferencia. Es el presidente, y punto, punto com, y las reclamaciones, al maestro armero, o al primo de Zumosol de la base de Rota. Aquí, en cambio, con toda una mayoría absoluta, el pobre de Aznar tiene que pactar con la oposición hasta a qué hora puede ir al cuarto de baño. Y, encima, como buen hombre del Sur, Bush tiene tiempo hasta de dormir la siesta. Lo que más me gusta es que los americanos han elegido a un presidente que practica el arte de la siesta, no sé si de butacazo en el Despacho Oval o siesta pijamera y en la cama de Washington. Aquí tenemos un presidente que ni puede dormir la siesta. No por nada, sino porque tiene perdido el sueño con esto de que a cada momento se tenga que hacer perdonar el gravísimo pecado político de haber sacado la mayoría absoluta.


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