Sobre
este tema, en El RedCuadro:"El Carnaval del cartel"
"Libertad
con IVA"
Homenaje a un grapo al pie del Monumento a la
Constitución... ¡y viva la Pepa!
Martes, 6 de febrero del 2001
Las voces del tendido se preguntan qué pasaría
si en Alcácer le dieran un homenaje a Antonio Anglés o si se
lo tributaran en San Fernando a las asesinas de Clara. Pues algo
así ocurrió el domingo en Cádiz, donde sus amigos y
correligionarios le dieron un partido-homenaje póstumo al grapo
Sánchez Casas. Y para más inri, al pie del Monumento a la
Constitución, lo que es tan contradictorio como si la
Asociación Protectora de Animales se reuniera en la plaza de
Las Ventas o como si los Alcohólicos Anónimos celebraran un
congreso en las cavas de Codorniú.
No sé si es la grandeza o la servidumbre de la
democracia. Sánchez Casas, tras cometer los asesinatos de la
Cafetería California y otro sinfín de tropelías, salió de la
cárcel diciendo que no se arrepentía de nada. Pase que, como
se presentó con pseudónimo, le dieran el premio del cartel del
Carnaval. Pero es cuanto menos increíble que ahora sus
amiguetes se reúnan a honrar su memoria, y precisamente en la
Cuna de la Libertad. Y no su memoria de asesino, sino su memoria
poco menos que de luchador de las libertades y no sé cuántos
embustes más, como lo que dijo Vázquez de Sola, que este
criminal confeso y condenado fue un hombre de bien que siempre
actuó en defensa de la clase obrera. Por lo visto, ser hombre
de bien es dedicarse a asesinar y defender a la clase obrera es
poner bombas en las cafeterías.
Y allá que mandó también su adhesión, Luis,
nuestro común apuntador Pepe Rei. Y tu amigo el juez Navarro.
Como ves, Dios los cría y ellos se juntan, precisamente al pie
del monumento a la Constitución de 1812... ¡y viva la Pepa de
Puerto Real! Sí, ya sé, es la grandeza de la democracia. Que
un juez dice que le va a dar dos hostias a un asesino de la ETA
y a quien empapelan es al juez.
Este terrorista homenajeado ahora como artista
pintor y como hombre de teatro murió en un hospital de
Córdoba, esperando un trasplante de corazón. Subrayan las
voces del tendido que es un hospital construido con dinero del
Estado que quieren destruir los homenajeantes para llevarnos
directamente a Albania. Allí, en una cama de la Seguridad
Social, el terrorista jubilado esperaba un corazón para el
trasplante. Dios lo recogió en su seno. Así no pudo darse la
última contradicción de las benditas libertades, que hubiera
sido que le trasplantaran el corazón de un asesinado por los
terroristas, el corazón de un militar, el corazón de un
policía, el corazón de un periodista. Lo digo acordándome del
corazón del fiscal Luis Portero, que por obra de uno como éste
dejó de dar vida en Granada a un cuerpo que su familia donó
para la generosidad de los trasplantes.
Sobre
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"El Carnaval del cartel"
"Libertad
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