Aceralia, una industria de verdad frente a
tanto Punto Com
Martes, 20 de febrero del 2001
En su charlita por televisión al cumplirse los
XXV años de su Reinado, don Juan Carlos dijo que los españoles
no nos acabamos de creer lo importante que es España en el
mundo. El Rey dice que viajando se aprende que no es cierto
aquello de "son españoles los que no pueden ser otra
cosa", que algún guasón propuso cuando se estaba
redactando la Constitución de 1931. ¿A que va a ser verdad?
¿A que va a resultar que somos esa potencia económica mundial
que, salvo el Rey y Aznar (y porque les entra en el sueldo),
aquí no se cree casi nadie? Lo digo por Aceralia (ella de
soltera Ensidesa) que en la Pasarela Cibeles de la economía se
convertirá en la mayor siderúrgica del mundo por su fusión
con Usinor (de Francia) y Arbed (de Luxemburgo). España torea
de poder a poder en una plaza importante de un sector
verdaderamente industrial que no tiene nada que ver con el
turismo, y vamos a dejarnos de cuentos de las nuevas economías
esdrújulas, informáticas y cibernéticas. Con la fusión,
Aceralia tendrá cifras mareantes. Un gigante de acero con una
facturación de 30.000 millones, pero de euros, no de pesetas,
una plantilla de 110.000 empleados de los que se promete a los
sindicatos que no habrá ni un solo despido, regulación o
prejubilación, y un valor en Bolsa de más de 5.000 millones de
euros.
Menos mal que somos alguien en algo tangible,
que no es punto com ni tiene nada que ver con las tres
uves dobles de las nuevas tecnologías, sino con una tecnología
tan clásica como la velazqueña Fragua de Vulcano. Con tanta
aldea global, estas cifras de la fusión de Aceralia son ya algo
insólito cuando se refieren a bienes tangibles, a negocios de
toda la vida, a industrias de siempre. Mucho peor que el
pelotazo ha sido el post-pelotazo de los portales de Internet y
del portal de Belén de los traficantes de aire haciendo gachas
con cotización en Bolsa. Esto de Aceralia como primera
siderúrgica mundial es algo que se puede tocar, jierro peláo y
fundido, vías para los trenes de alta velocidad, bielas para
los motores, chapas para los coches. Conforta saberlo en una
economía globalizada que condena a España al sector servicios,
a las industrias sin chimenea, que son como el pastel de liebre
sin liebre o como agarrarse a la brocha para pintar sin
escalera. Salvo el superior criterio de Miguel Angel Jiménez,
ya está bien de chiringuitos tecnológicos y de los
chinchalitos virtuales de la señorita Pepis. Bienvenido el
ahora tan reluciente acero de Aceralia de toda la vida, frente a
tanto vendedor de humo punto com.