Antonio Burgos

El Picotazo

 Antonio Burgos

Comentarios en "Protagonistas" de Luis del Olmo

El "Picotazo" de Antonio Burgos se emite los martes, a las 6, 15 y 8,15 de la mañana

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El derecho a la libertad de gozar San Sebastián

                                            Viernes, 3 de marzo del 2001

Cuando no la conocía, tuve durante muchos años a San Sebastián como un sueño. El San Sebastián sepia de los veraneos de la Restauración. El San Sebastián tricolor del Pacto por la República. Aquel "San Sestabién" de la retaguardia de la guerra civil en las páginas de García Serrano. El San Sebastián de la resistencia a la dictadura de Franco que nos llegaba en los versos de Gabriel Celaya. El San Sebastián industrial de los puestos de cabeza en la clasificación de la renta per capita. El refinado San Sebastián que se nos aparecía como un París con paseos por el Bulevar y un puente de Santa Cristina que disfrazaba de Sena al Urumea, donde cada año llegaban las estrellas del festival de cine, escalera de honor que era un Hollywood con chapelas y espatadanzaris. Soñábamos San Sebastián como soñamos Venecia, La Habana o tantas ciudades queridas. Hasta que un día, por fin, llegamos a San Sebastián, a su brisa y a su pleamar de pelota de La Concha. Paseando por sus calles, oímos las campanas de la Catedral del Buen Pastor y nos quitamos el sombrero de ala ancha de las tapas ante la civilización del pincho, en esos bares del casco viejo. No sin nostalgia, he de confesar que en San Sebastián fui feliz, entre aquellas gentes, mañanas de paseos junto a la mar bravía, mediodías de pinchos en casa de Juanito Kojúa, tardes de cristaleras del bar del Hotel Londres, escaparates de las tiendas más exquisitas que me pudiera encontrar. 

Por eso, Luis, yo ahora te envidio. Porque estás en San Sebastián como quisiéramos muchos españoles, con esa mar de la bahía y con esa isla de Santa Clara siempre como esperando que llegue un vasco de ser el primero en dar la vuelta al mundo. Este es el San Sebastián de mis recuerdos, el de mi nostalgia, la hermosa ciudad del paraíso desde la Belle Epoque a la modernidad del Kursaal de Moneo. No me interesa el otro, el de las calles de lluvia y silencio con una pancarta que pide la paz y la libertad después de una muerte causada de quienes la niegan. Yo quiero, Luis, un San Sebastián sin autobuses ardiendo en el bulevar, sin miedo, sin más escoltas que las gaviotas junto a los barcos del muelle pesquero. Quiero cuanto antes volver a ese San Sebastián que muchos seguimos soñando y por eso te envidio, ahora que han aumentado mis esperanzas, al ver la fecha del 13 de mayo en el almanaque electoral. Ojalá ese día se nos devuelvan el gozo de unas calles con alegría en las caras y sin miedo en las almas. Incluso antes de esa fecha, todos deberíamos hacer lo que has hecho, Luis, coger carretera y manta para decir a los donostiarras con nuestra presencia que, hoy, más que nunca, estamos a su lado por las libertades de una de las más hermosas ciudades de España, sin que tengamos que pedir perdón por pronunciar la constitucional palabra España.


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