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La Justicia
no es un cachondeo: es una provocación de alarma social
Viernes, 6 de abril del 2001
Pedro Pacheco se quedó corto, fue el suyo un
palo cortado, por decirlo en términos de Jerez, Xeres, Sherry.
Ojalá la Justicia fuera sólo un cachondeo. Es algo peor que un
cachondeo: un peligro, una contradicción del sistema que todos
queremos defender, a veces una temeridad. Estamentos judiciales
hay, como la Audiencia Nacional, cuyos miembros parecen
designados por enemigos, y determinados jueces hay que parece
que en vez de birrete y toga usaran el embozo de una capucha,
pero sin cachimba, no como la del Subcomandante Marcos, sino
como las otras. Así que el pobre juez Garzón luchando contra
los molinos del viento de la sangre, y van estos señores de la
Audiencia Nacional y ponen en libertad a los gigantes de las
aspas del ventilador que amenaza la vida y la libertad. Que los
magistrados de la Audiencia Nacional no crean en los indicios
racionales de criminalidad es algo así como si los canónigos
de Valladolid no creyeran en Dios. Tenemos unos jueces de la
Audiencia Nacional que me hacen a veces pensar que son como si
Florentino Pérez se declarara forofo del Atlético de Madrid.
Y ojalá esto ocurriera sólo en ese punto negro
de la senda constitucional que es la Audiencia Nacional. Pero el
Supremo no le va a la zaga. Todo el mundo aquí defendiendo los
derechos de la mujer, que hasta al chulo manos largas lo echan
de Gran Germano, y va el Tribunal Supremo y no alcanza siquiera
el listón de Manolo Escobar en materia de discriminación
femenina por la minifalda. A Manolo Escobar, ya sabes, no le
gusta que a los toros te pongas la minifalda. Ni a los toros ni
para trabajar como azafata en el Ave, claro. Pero viene el
Supremo y dice que no es discriminatorio que a estas
trabajadoras del Ave, como si fueran vicetiples de una revista
de Lina Morgan, las obliguen a enseñar piernas. Más que
azafatas del Ave desde Atocha a Sevilla, el Supremo las cree
vendedoras de sardinas frescués desde Santurce a Bilbao, pues
las obliga a ir la falda remangada dos centímetros por encima
de la rótula, luciendo la pantorrilla. Es como si a los
azafatos masculinos del Ave les obligaran a trabajar como los
modelos de lencería de caballeros que saca José Luis Moreno en
su programa. Así que además de peligrosos, machistas. Porque
otro tribunal dice que como la muchacha violada por un salvaje
con pistola no era virgen, pues no hay tal violación.
Lo que les digo. Hubiera preferido que Pedro
Pacheco no se hubiera quedado corto. La Justicia no es un
cachondeo. En determinados ámbitos de su administración, es un
peligro público, una causa continua de creación de alarma
social, y encima sin en menor control, en esta sociedad donde se
puede pedir la hoja de reclamaciones contra todo, menos contra
estos jueces asilvestrados más peligrosos que un rotwailer.