El barco
negrero de los niños africanos, nuestros barcos negreros
interiores
Martes, 17 de abril del 2001
Por unas 2.500 pesetas, que es lo que le cuesta
una ronda de cañas de cerveza y de tapas con cuatro amigos,
usted se puede comprar un niño en el África Central para que
le trabaje de esclavo. Nosotros aquí con nuestra fregona sin
cubo y nuestros embotellamientos de la vuelta de las vacaciones,
y por el Golfo de Guinea, el último barco negrero reconocido.
Nos vanagloriamos de antirracismo, de Ley del Menor y de
Defensor del Niño, y en gran parte del mundo no sólo no ha
acabado la esclavitud, sino que se comercia con niños. Los
niños que compran en Benin por el precio de unas cervezas los
venden en Gabón por 65.000 pesetas. El telefilm de Guntha Kinte
no es ficción televisiva, sino realidad de África hoy.
Aseguran que el "Etireno" no es una excepción en la
realidad del continente africano o de Brasil, donde muchos otros
niños son esclavizados sin que la sangre de los inocentes llega
al río de la portada del telediario. Para trabajar en las
plantaciones de algodón. Faltan espirituales negros y casacas
grises de los Confederados, pero es exactamente igual que en las
películas de Scarlata O´Hara del profundo Sur norteamericano.
Todos estamos con el alma en un puño con el
barco de los niños esclavos, pero hemos incorporado al paisaje
del Estrecho de Gibraltar otros barcos de esclavos, que por su
menor calado, manga y eslora y por la edad de sus ocupantes ni
conmueven a nadie. Hablo de las pateras del Estrecho. Son tan
terribles como el barco de Benín. Las pateras son como los
antiguos barcos de los negreros, sólo que los aspirantes a
esclavos se pagan ellos mismos el pasaje. La Humanidad ha
avanzado muchísimo. Para capturar a sus bisabuelos en Gambia o
Costa de Marfil, los negreros tenían que llegar con sus goletas
y prenderlos con cadenas para meterlos en el barco que los
llevaba a las Antillas o a Norteamérica. Ahora los propios
aspirantes subsaharianos a esclavos hacen cola ante el negrero
de la mafia de Tánger para pagar su pasaje en la patera
negrera. Un niño del barco negrero de Benin cuesta 14 dólares,
¿pero cuánto cuesta un subsahariano sin papeles y tiritando de
frío que acaba de escapar a la muerte del Estrecho en la playa
de Tarifa? Del submarino "Tireless" hacia el Sur, todo
es una inmensa Cabaña esclavista del Tío Tom, una novela de
Salgari donde los barcos piratas siguen asaltando el confortable
crucero de placer de los derechos humanos. Aquí tenemos muchos
barcos negreros y esclavistas, que comercian con carne humana,
ante la eterna sonrisa del vendedor de "La Farola". No
queremos reconocerlo, pero por ejemplo los bares de alterne de
esas carreteras españolas embotelladas por el regreso de las
vacaciones son en realidad varados barcos de esclavas obligadas
a prostituirse por los nuevos negreros. Y quién sabe si son las
madres de los niños de ese barco...
Sobre este
tema, en El RedCuadro: "El
abuso artístico de menores" Negreros
de niños
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