Claudia
Schiffer sería mucho más "democrática" que Eva
Sannum
Martes, 1º de mayo del 2001
Hoy, que es el día del Trabajo, parece que nos
ha entrado una cierta tranquilidad a los que estábamos con el
"Hola" en un puño con la que parecía inevitable boda
del Príncipe de Asturias con una modelo sueca. Tranquilo,
Jordi, tranquilo, que parece que de momento no habrá boda y
menos con una que, aunque nórdica y con medidas perfectas, al
fin y al cabo era una Belén Esteban del famoseo, una Jesulina
de las pasarelas de la lencería. La posibilidad de que en las
cabinas de los camiones de toda España hubiera una foto de
almanaque de la futura Reina en bragas y sostén era demasiado
fuerte para la Monarquía, por muy consolidada que esté. De
menos hizo Dios el "annus horribilis" de la Monarquía
inglesa, y parecía que nadie escarmienta en cabeza loca ajena
de Lady Di. El pendón del Príncipe parece que finalmente será
exclusivamente el que vimos en el Boletín Oficial, con el azul
de Asturias, y no el que nos temíamos, una modelo que no
solamente estaba a la altura de las famosillas que van a cobrar
a "Tómbola" sino que encima había sido compañera de
piso de una de las abyectas concursantes del "Gran
Hermano".
Así que como estamos en el Día del Trabajo y
en Feria de Sevilla, muy bien esos toros de que no hay boda, si
son ciertos. La Corona, para el que la trabaja, y con esta boda,
al Príncipe de Asturias se le presentaba un sombrío panorama
de empleo precario, un contrato-basura con el futuro del Trono
de España. Si la Monarquía inglesa, con lo consolidada que
está, con los siglos de tradiciones que observan tan
ritualmente, anda a pique de un repique por causa de los
devaneos de las macizas consortes de turno, ¿qué no podría
pasar aquí, donde la Corona no tiene más consolidación que la
popularidad que se ha ganado a pulso, Don Juan Carlos y Doña
Sofía, por aquello tan de Primero de Mayo de la Corona para el
que se la trabaja?
Parece que finalmente se impone la cordura y se
acaban los tópicos demagógicos de lo entre comillas
"democrático". Ni el Rey es un señor particular que
puede hacer lo que le da la real gana, sino un señor con muchos
privilegios y también muchas obligaciones. Y el Príncipe de
Asturias, tres cuartos de lo propio, si no es un postgraduado
preocupado por encontrar empleo como muchos de sus coetáneos,
debe cumplir los mínimos gajes de su oficio. La Monarquía
tiene una magia de lo excepcional que, si se la quitamos,
estamos peligrodsamente a cinco minutos de la Tercera
República. Y además, que si era más democrático que el
Príncipe se casara con una modelo, a los que por razones
estéticas queremos siempre la excelencia para la Monarquía
como la más perfecta e histórico-artística forma de Estado,
esta señorita Sannum nos parecía poco. Aceptado como
hipótesis de trabajo que lo más democrático fuera una modelo,
que no lo es, ¿por qué no mejor Claudia Schiffer, que está
mucho más maciza?
Anteriores comentarios del
"Picotazo" de Protagonistas
Sobre la Corona y la
boda del Príncipe, en El RedCuadro:
