El voto
cautivo del arzalluzismo
Martes, 8 de mayo del 2001
Aznar es un hombre tranquilo que pone a hombres
más tranquilos todavía de ministros del Interior. Si sereno
aparecía Mayor
Oreja cuando la ETA cometía un crimen, transmitiéndonos
confianza en el Estado de Derecho, más sosegado aún ha
aparecido Mariano Rajoy tras el asesinato de Giménez Abad. Y
con esa tranquilidad marca de la casa de Interior, ha proclamado
una obviedad de cara a las urnas del domingo. Debe preocupar que
la proclamación de la obviedad sea signo de valentía, como la
de Rajoy al decir que "cada vez es más necesaria la ayuda
del Gobierno vasco y de la Policía autónoma para ganar la
batalla contra la ETA", y que es imprescindible que se
combatan no sólo los medios, sino también los fines de los
asesinos.
El domingo no sólo se decide quiénes van a
gobernar la autonomía vasca, sino algo más inmediato y que
preocupa mucho más en la Zaragoza de Giménez Abad: quién va a
mandar en aquella Policía autónoma. En otras palabras, si el
lendakari va a poner de una vez a la Erzantza a detener niñatos
de la cantera terrorista, recaudadores del impuesto
revolucionario, informadores, señaladores de objetivos,
asesinos y cómplices, o si va seguir dando severísimas y
tajantes órdenes de que cuando haya un crimen miren al techo y
se pongan a silbar "El sitio de Zaragoza". Por
ejemplo, el sitio de las calles de Zaragoza donde le pegaron un
tiro en la sien a Giménez Abad.
Con una clara ofensa al Principado, solemos
hablar de la inutilidad de los espías de Andorra. Pero los
espías de Andorra son unos estajanovistas al lado de esos
policías autónomos vascos con los brazos tristemente atados
ante el crimen por culpa de sus mandos políticos.
Del apoyo electoral a la Constitución depende
que la Policía vasca pueda demostrar de una vez su
profesionalidad, y no como ahora, que la tienen con los ojos
vendados buscando un sombrero negro en el interior de un túnel.
Policías cautivos, en un País de votos cautivos, de los que
nadie habla. Cuando le hablen del voto cautivo, no piense ya en
Andalucía y en los parados. El
peor voto cautivo es el del miedo. O el voto cautivo de los
intereses económicos y de la mangoleta ambiente del PNV. Cuando
le hablen del voto cautivo, piense en ese País Vasco donde el
PNV es el ordeñador de la gran ubre del dinero público, el que
reparte el bacalao al pil pil de las subvenciones, de los
contratos, de los empleos, de la empresa pública y hasta de la
publicidad institucional. Ríase usted de la tela de araña de
intereses creados que tejió el felipismo en Andalucía, al lado
de la tela de araña de connivencias tramada por el arzalluzismo
en Euskadi. El domingo se trata de cambiar un sistema basado en
el voto cautivo: cautivo del miedo y cautivo de los intereses
económicos.
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