La reforma
judicial, tan lenta y tan cara como la Justicia
Martes, 29 de mayo del 2001
Si yo digo, Luis, que el plomo es pesado, muy
mal conductor de la electricidad, que es fácilmente maleable y
que produce saturnismo, no estoy insultando al plomo, sino
describiendo sus propiedades. Y si digo que la Justicia es
lenta, cara, ineficaz, tediosa, lejana, politizada y encima
ciega, no estoy insultando a la Justicia, sino describiendo su
situación en España. Si algo tiene de bueno el Pacto sobre la
Justicia entre PP y PSOE es que puedes describir a la Justicia
sin que te empapelen por desacato esos mismos tribunales lentos,
caros, tediosos, lejanos. De la Justicia como figura casi divina
hemos pasado a este reconocimiento de los horrores judiciales,
peor a veces que los propios errores judiciales.
Todo el mundo protesta contra las listas de
espera hospitalarias. Citan a un señor para que le hagan un
análisis clínico dentro de dos meses y se arma la marimorena.
Pero a todos nos parece normal que ese mismo señor, si le han
dado un porrazo en el coche, sea citado a juicio dos años
después del choque. Las listas de espera de los hospitales son
el bólido de Schumacher al lado de las tardanzas judiciales,
que se aceptan como inevitables. Y las costas. Ni que las costas
judiciales fueran el PIB de la Costa Brava. Aquí en
Protagonistas se citó el otro día esa barbaridad de 300.000
pesetas por un divorcio con mutuo acuerdo. Si por inscribir un
matrimonio en el Registro Civil no cobran esas fortunas, ¿por
qué tanto por darle a la goma de borrar estados civiles? Esto
por no hablar de los estados de alarma social que crean los
propios jueces, sin ir más lejos esa Audiencia Nacional donde
los etarras empapelados entran por una puerta, la de la
valentía de Garzón, y salen por otra, la de la bajada de
togas.
Hoy echan las campanas de las Salesas al vuelo
por el Pacto por la Justicia y por los 250.000 millones que van
a destinarse a la reforma judicial, pero no creo que sea para
tanto. De momento esto se hará con el mismo altísimo costo que
la Justicia, un cuarto de billón de pesetas suyas y mías, y
tan lentamente como la propia Justicia, en dos legislaturas, que
son ocho añitos. Mucho pactar la composición del Consejo del
Poder Judicial, de ellos y para ellos, cuando lo que quiere la
gente es que el moroso pague ante el Juzgado por lo menos con la
misma celeridad con que el Estado nos reclama las deudas de
Hacienda. Lo que quiere la gente es que el divorcio sea rápido
y barato, que un contencioso ante el Supremo o el Constitucional
no tenga que contarse por lustros. Oímos a los firmantes del
Pacto y parece que mañana mismo los juzgados van a abrir por la
tarde, que se van a acabar las listas de espera judiciales, y
los abundantes garbanzos negros en el puchero de las togas. Me
permito recordar a los que con tanta alegría reciben una
reforma de la Justicia que será tan lenta y tan cara como la
propia Justicia que el PSOE y el PP que han firmado el pacto son
los dos partidos mayoritarios, no la Virgen de Fátima.
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