El Picotazo

 Antonio Burgos

Onda Cero Radio


Violencia contra los caballos de rejoneo de Domecq  

                                            Martes, 5 de junio del 2001

Por si nos faltaran violencia separatista, violencia racista, violencia de mujeres maltratadas, violencia de hijos que acuchillan a sus padres, ahora, la violencia incomprensible contra el más bello de los animales: el caballo. Un desalmado así como los que camparon por las calles de Vergara lanzó dos cócteles Molotov en el camión en que volvían a Jerez los hermosos caballos toreros de Luis y Antonio Domecq, que acababan de crear belleza y plasticidad en la plaza de Las Ventas. Por si en esta cruel España nos faltaran imágenes de cócteles molotov en Vergara, la explosión contra unos caballos. Sobre las cotidianas imágenes de la barbarie, el rostro casi humano de las caras quemadas de los caballos, que impresionaba. Y que no se puede comprender. "Legítimo", un caballo tordo con el que Luis Domecq llevaba diez años toreando, tuvo que ser sacrificado. Otros ocho preciosos caballos están en la clínica veterinaria, como toreros heridos.

Para saber del dolor de esta salvajada incomprensible, bastaba oír por la radio la voz de Antonio y de Luis Domecq. Hablaban de sus caballos como de algo propio. Y con esta incertidumbre del por qué. Que no sólo es de los que cuidan, aman, entrenan, miman a esos caballos que vale cada uno de ellos una millonada y que llevan encima días y días de trabajo de doma y de ilusión. ¿Qué pueden sacar a hacer esta barbarie contra unos caballos? ¿Quiénes han podido hacerlo? Los caballos de rejoneo son cuidados por sus jinetes como ellos mismos. Cuando este San Isidro un toro arrolló, derribó e hirió en Las Ventas a Hermoso de Mendoza y el rejoneador navarro era llevado a la enfermería con una pierna rota y un brazo inerte, no le quitaba ojo al caballo, mirando si el toro lo había herido. Estaba más preocupado por su caballo que por él mismo. Como están Luis y Antonio Domecq. Ni ellos se lo explican ni nadie puede explicárselo. Lo que no faltaba en esta España violenta era la agresión a los caballos. Caballos más humanos, por cierto, que esos animales encapuchados que sembraron el terror en las calles de Vergara, ninguno de los cuales, por cierto, ha sido detenido, mire usted qué casualidad, a pesar de que Ibarreche, con sus 80.000 votos batasunos para el chaleco, prometió que ya iba a ser bueno y que la policía autónoma vasca nunca más iba a llegar tarde a las salvajadas de los berrendos en etarra.

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