Pena de
muerte en Estados Unidos, pena de muerte en España
Martes, 12 de junio del 2001
Para ese Bush que visita esta colonia del
Imperio, la ejecución de Timothy McVeigh ha sido "un acto
de justicia y no de venganza". Para el Consejo de Europa y
para muchos de nosotros, el jeringazo televisado del cadalso de
Indiana ha sido "deplorable,
patético y erróneo". La pena de muerte no remedia
nada, a nada conduce. España lo dice tras haber sacado a Joaquín
José Martínez de ese corredor de la muerte que nos
conocemos ya como el pasillo de casa, y más tras el
Telemaratón Martínez con rastrillo de regalos-sorpresa
incluidos. El Consejo de Europa recuerda a Bush que los 43
países que lo integran constituyen "de hecho una 'zona sin
pena de muerte'". En España no lo podemos decir muy
fuerte. En España hay pena de muerte. Sin tribunales. Sin
garantías. Sin condenas. Sin posibilidad de abogados careros
como defensores. En España hay corredores de la muerte.
Pregunten en la Rioja. Las calles de Logroño en fiestas fueron
un corredor de la muerte del que el patrón San Bernabé sacó
milagrosamente a muchos inocentes. Que le pregunten a Gorka
Landáburu si en España no hay pena de muerte, que se
salvó del corredor. Silla eléctrica, inyección letal, paquete
explosivo, coche-bomba o tiro en la nuca, ¿no son todas formas
de pena de muerte? Aún recordamos en Ermua el corredor de la
muerte de Miguel Angel Blanco. Menos mal que la fiscalía de la
Audiencia Nacional por fin ha empapelado al "Gara" por
la entrevista a los ejecutores de la pena de muerte,
encapuchados como verdugos que son. Traduzco. A esa pena de
muerte que nos condena a todos le dicen "lucha
armada".
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