Berlusconi,
o el lujazo de decir lo que verdaderamente se piensa sobre el
euro
Miércoles, 9 de enero del 2002
Ni Aznar ni nadie duda del talante europeísta
de Berlusconi. Berlusconi es europerista, pero dice lo que
piensa sobre el euro. Los locos y los niños dicen la verdad. Y
los ricos. Berlusconi, el emperador de las mamachichos, el que
desde Tele 5 introdujo la telebasura en España, es uno de esos
muchimillonarios que puede permitirse el lujo de decir lo que
piensan. Cuando el mundo estaba que no le llegaba la camisa al
cuerpo con Ben Laden y los talibanes, desde la independencia que
da el dinero, Berlusconi dijo sobre la morisma aquello que
muchos pensaban: que donde esté Roma y la cultura occidental,
que se quite el Islam y la babucha. A Berlusconi le armaron la
del tigre. Ahora, por las mismas, Berlusconi ha dicho sobre el
euro lo que muchos piensan pero no se atreven a decir. En el
triunfalismo de euroconversores y euroconversos, Berlusconi dijo
algo precioso: que le daba mucha pena despedir a su lira de su
alma, porque había ganado muchos millones de ellas en toda su
vida. Aunque la peseta haya sido la moneda de la inflación, a
todos nos ha dado pena despedirla, aunque nadie se atreva a
decirlo. Ahora Berlusconi ha dicho que no ha tocado un solo euro
ni lo piensa tocar. Un gustazo de millonario que sólo puede
darse Berlusconi. Al que muchos envidian sin poder decirlo. Al
frutero que se hace un lío con la vuelta, al taxista que aún
confunde los 2 euros con los 20 céntimos, a todos nos
encantaría ese lujazo de Berlusconi, de no tocar balón de la
nueva moneda. Lo que pasa es que hay que tener muchos trillones
de euros para poder ir contra esta corriente totalitaria del
pensamiento único del euro que nos impusieron los alemanes como
nuevo paso de la oca monetario.
También sobre el euro,
en El Recuadro: