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La
liposuccion, o los peligros de los nuevos Sacamantecas
Miércoles, 30 de enero del 2002
Cuando éramos chicos, a las niñas las asustaban diciéndoles:
"Como te portes mal, va a venir el Sacamantecas..."
Aquellas niñas, hechas señoras metiditas en carnes, están ahora
encantadas con el Sacamantecas. El sacamantecas de ahora es la
liposucción de los michelines, de las pistoleras. Las ves tan
delgadas, les alabas la figura y te dicen las muy falsas:
"Fíjate, he dejado de tomar cerveza y únicamente con eso
mira lo bien que me he quedado". En el milagro de las
mantecas desaparecidas no tienen nada que ver los señores Mahou o
Cruzcampo ni el arcángel San Miguel. Se han gastado una fortuna
en el Sacamantecas, para que les ponga anestesia local y les chupe
las mantecas de los michelines y los sebos de la barriguita
caída. Con una alegría y una inconsciencia que no me explico.
Con el miedo que da un quirófano, hay quien por la belleza es
capaz de dar la vida, como esa muchacha muerta en la clínica que
tenía menos papeles que un subsahariano de las pateras, donde se
iba a someter no sé si a una liposucción o a una mesoterapia; a
sacamientos de manteca. Se ponen los hilos de oro en la cara, se
hacen la liposucción, se someten a no sé qué con rayos láser
con una alegría que asusta. Anorexias aparte, puede uno ahogarse
en las falsas fuentes de la eterna juventud. Hay mucho peligroso
curanderismo de cinco estrellas en tanto tratamiento paramédico
aparentemente inocuo. Timos de la estampita de la belleza con
cómoda financiación. Lo peor es que ya hay quien ha pagado con
su vida la factura del tratamiento de belleza. Se dice: "Lo
que no mata, engorda". Hay que añadir: "Cuidado, que a
veces lo que adelgaza, mata".

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