La Mujer
Trabajadora sin Día, pero con muchas horas
Viernes, 8 de marzo del 2002
Mira el almanaque, Luis, a ver si en el tuyo,
como en el mío, pone en rojo que hoy, 8 de marzo, es el Día de
la Mujer Trabajadora. Al leerlo, pensamos en la mujer cajera del
supermercado, y en la mujer juez, en la mujer taxista y en la
mujer ministro, en la mujer camarera y en la mujer notaria, en
la mujer presidenta del consejo de administración de un banco,
que ya las hay en España, y en la mujer inmigrante polaca que
coge fresas en Huelva. Pero en el Día de la Mujer nadie piensa
en la mujer que presentan como "aquí-mi-señora", en
la mujer que aparentemente no trabaja porque no tiene un empleo
fuera de casa, pero que de puertas adentro está la pobre
eslomaíta todo el día. Los sindicatos se olvidan de ella y las
feministas prefieren las conquistas de territorios laborales
masculinos en vez de reivindicar que las amas de casa, las
verdaderas trabajadoras del hogar, mueven la economía de la
nación, en todos sus ámbitos. Las que comprando pollo o
dejando de comprarlo ponen al IPC en su sitio. Se levantan,
despiertan a los niños, los lavan, los arreglan, les dan de
desayunar, los llevan a la ruta del cole, vuelven para poner el
desayuno a Pepe, le limpian los zapatos a Pepe que hoy tiene una
reunión muy importante, adiós, vida mía, suerte, van al
híper, hacen las camas, limpian los ceniceros, sacuden la
alfombra dacha en la ventana, friegan el baño, ponen la
lavadora, sacan la lavadora, tienden la lavadora. Y todo esto
antes de las 11, que se meten en la cocina. Y todo esto, sin
convenio colectivo, sin horas extras, sin plus de nocturnidad
para la plancha ni de madrugón para coger número en el
pediatra. Yo me quito el sombrero ante estas mujeres
verdaderamente trabajadoras que resulta que oficialmente hoy, 8
de marzo, no constan como mujeres trabajadoras.
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