Una ley anti-libelo
para acabar con la almoneda moral
Martes, 13 de marzo del 2002
Embarazos, abortos, infidelidades, maletas en la
puerta, separaciones, divorcios, amancebamientos, vasectomías,
malos tratos, novias nuevas, maromos antiguos, comunicados,
desmentidos. Todo se compra y todo se vende. Con todo se
trafica. Sin confirmar ni comprobar. Las televisiones y lo que
no son las televisiones se llenan de lo peor del ser humano. Se
mitifican personajes nacionales y extranjeros que no son nada,
sin profesión ni oficio conocido, que salen mucho en las
revistas por la única razón de que salen mucho en las
revistas. La industria de la exclusiva es más rentable que la
producción cítrica de Valencia y su industria subsidiaria, la
querella, da más que los olivos de Jaén. Nos creemos que la
cuesta abajo de esta bazofia que pasa por información cumplió
ayer su máximo nivel de mierda, cuando hoy es superada por
nuevas aberraciones, donde las señoras son tratadas como
pelanduscas y las pelanduscas como señoras. En el desastre del
botellón se va a aplicar la Ley Seca contra el alcohol en la
calle. En el desastre de la droga se aplican las operaciones
Nécora y las redadas contra los traficantes. En el desastre de
la enseñanza se va a aplicar la Ley de Calidad, con cateados y
repetidores. Pero contra este desastre de la plaga del
envilecimiento informativo nacional nadie hace nada, y las
televisiones públicas compiten en encanallamiento con las
privadas, pagando con nuestro dinero el fomento de la
degeneración nacional. Como en la droga, como en la enseñanza,
como en el botellón, cuando todos
nos convenzamos de la urgente necesidad de acabar con esta
almoneda moral por medio de una ley anti-libelo quizá será demasiado tarde.
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