De la
Nigeria de Safiya a la España de las exclusivas con terceras
personas
Martes, 20 de marzo del 2002
Allí, en la Nigeria de Safiya, las lapidan.
Aquí, por lo mismo de lo que acusan a Safiya, dilapidamos los
millones para poder pagarles la exclusiva y que nos lo cuenten.
Allí, la ley de la "sharia" coránica; aquí la ley
del "share" televisivo. Tan infamante para la
condición femenina es aquello como esto, la Ley del Islam o la
Ley del EGM y de la OJD. Por unos cuernos de más o de menos,
allí aplican la pena de muerte por lapidación y aquí muchas
se tienen montadas sobre los mismos apéndices córneos las
rentables industrias de la exclusiva y de la querella. Nos
repugna lo de Nigeria y lo de aquí nos parece lo más normal
del mundo, hasta el punto de que no nos desenganchamos de la
tele donde la mocita lo cuenta, y esperamos a ver qué dice su
verdadero marido, y a ver qué dice el padre del niño de eso de
que no había terceras personas. Son las dos culturas frente a
frente, la musulmana y la cristiana. Afortunadamente, la
religión católica cogió el paso de los derechos humanos, y
aplicó el dicho evangélico: "El que esté libre de pecado
que tire la primera piedra". Pero la ley de Mahoma las
tira, sigue medieval y cruel, con la más inhumana pena de
muerte. Adama, esa hermosa niña de Safiya que todos
adoptaríamos, nos lo pregunta con el silencio de sus bellos
ojos. ¿Qué hacen las Naciones Unidas ante ese pisoteo del
máximo derecho humano, que es la vida? Como tampoco sé qué
hacemos nosotros, que nos parece normal que a las que aquí se
jactan de lo mismo de lo que acusan allí a Safiya, no les toque
la pedrea aberrante, sino el gordo de los millones y millones
por las exclusivas.
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