Le Pen: la
amenaza a la derecha que le da complejo serlo y ejercerlo
Martes, 23 de abril del 2002
Hecatombe en Francia. Tener que elegir para
presidente entre un señor de la derecha como Chirac y un señor
de la ultraderecha como Le Pen no es un dilema: eso es una
desgracia. Ante esa desgracia, parece que lo políticamente
correcto es acompañar en el sentimiento a los franceses.
Llevamos ya dos días dándoles el pésame. No sé a qué
franceses. Los que han votado por Le Pen no están para
pésames, sino para felicitaciones. Estaban lo que se dice
hartos de coles. Han hecho en toda Francia lo que ya hicieron en
Marbella. Al fin y al cabo, Le Pen es más o menos como Gil,
pero sin guayabera despechugada, sin "Imperioso" y sin
Alcalá Meco. Me hace mucha gracia lo políticamente correcto en
el entendimiento de la democracia. Que parte de los franceses,
ejerciendo la suprema libertad del voto, hayan dicho que bueno
está lo bueno con la inseguridad ciudadana, que mano dura y que
se metan los alemanes su Europa donde les quepa, es una
hecatombe. Este señor Le Pen, que yo sepa, no es cómplice ni
encubridor de asesinos, no aplaude a los que pegan tiros en la
nuca. En cambio aquí parece obligación de la democracia no
ilegalizar ni toser a lo que votan muchos menos españoles,
150.000. y que sí que son una hecatombe de sangre. Hay que
aprender urgentemente de Francia. Por no querer ejercer el
principio de autoridad para que no culpen de carca a la derecha
democrática, corremos el riesgo de que un día nos llegue un Le
Pen desde la ultraderecha, como un salvador, y nos pegue el
susto en las urnas. Para no tener que padecer un día esa
desgracia del dilema "o derecha o ultraderecha",
sería deseable que la derecha democrática del PP se dejara de
complejos e hiciera lo que tiene que hacer. No se olvide que
ejercer el poder es pisar callos cuando el sistema aún tiene
pies y no se los han cortado.
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