Valencia
gana la Liga contra el olvido de la tercera ciudad española
Martes, 8 de mayo del 2002
Esto no es una chispa. Esto es un desagravio. Un
desagravio a Valencia, que según el maestro Tip es la tierra de
las flores y de Rita Barberá. Y de más cosas, como del
Valencia campeón de Liga. Al conquistar el título de Liga, el
Valencia ha puesto las cosas en su sitio. Ha puesto en su sitio
el supremo principio deportivo de que el dinero en fichajes no
es la medida de todas las cosas en el fútbol. Y luego ha puesto
en su sitio a la propia Valencia. España le debe un desagravio
a Valencia, pero especialmente se lo debemos los sevillanos. En
su nombre se lo doy, aprovechando que el Turia pasa por el
título de Liga. Valencia es la tercera ciudad de España en
demografía, en pujanza económica, y nada digo como capital de
una región de exportaciones, de parques temáticos y de playas.
Pero Sevilla, ay, le ha quitado a Valencia la virtualidad de la
tercera ciudad española, por el procedimiento del tirón del
Ave, de la Feria, del Rocío y del Betis. Se habla de Madrid,
Sevilla y Barcelona como ejes españoles, y se le hace el gran
agravio a Valencia. Los programas televisivos del corazón hacen
los sanfermines y la feria a pie de obra, pero no las Fallas.
Hasta la Generalitat valenciana suena bastante menos de la que
parece Generalitat por antonosamia, la catalana. No sólo el
toro pone a cada uno en su sitio, y a Enrique Ponce en cabeza
del escalafón. La pelota también. Gracias a la Liga, al menos
durante una temporada dejará Valencia de ser ciudad tercerona a
la que ni siquiera le respetan su legitimo tercer puesto en la
clasificación demográfica y económica de ciudades españolas.
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